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EEUU

Los caprichos de Melania frente al ejemplo de Dolley Madison

La esposa de Trump postpone su mudanza a Washington y obliga a crear una residencia paralela con un alto gasto en seguridad y controles en su "Torre de marfil"

21.11.2016 | 17:40
Melania pospone su mudanza a la Casa Blanca.Melania pospone su mudanza a la Casa Blanca.

¿Una Primera Dama nace o se hace? Dolley Payne Todd Madison, la esposa de James Madison, cuarto presidente de los Estados Unidos, podría contestar a esa pregunta. En realidad, el ejemplo de su vida es la respuesta. Dolley nunca sería amiga de Melania Trump. A la heroína nacional que resistió en la Casa Blanca horas antes de que los británicos la incendiasen, el 24 de agosto de 1812, le costaría entender la negativa de la esposa del nuevo Comandante en Jefe a mudarse a la primera casa del país, poniendo como excusa que el curso está a la mitad y a Barron, (pequeño Donald), de diez años, no le conviene el cambio.

Con su capricho Melania se convierte en la única esposa de presidente que no se trasladará a la mansión presidencial una vez que el mandatario asuma el cargo, el próximo enero. La decisión sería difícil de digerir incluso en España, donde la consorte carece de claro papel institucional, como sí ocurre en Estados Unidos. Y esto es así básicamente gracias a Dolley, la bella viuda madre de un hijo que se casó con el solterón Madison cuando él ya había cumplido los 43.

La lealtad patriótica de la viuda Todd, primera dama entre 1809 y 1817, superó a la de su marido, considerado el Padre de la Constitución, que pasó a la historia como el primer y único mandatario del país que huyó de Washington D.C. ante la inminente invasión británica de 1812.

Dos días después, las tropas inglesas entraban en la ciudad sin encontrar resistencia. En cambio Dolley, la anfitriona perfecta que introdujo el helado como postre en las cenas oficiales, logró salvar gran cantidad de objetos valiosos, como un retrato de George Washington, objetos de plata y oro y joyas. También las actas de los Consejos de Ministros y otros documentos que escondió en troncos de árboles. Se fue con el tiempo justo, minutos antes de que aparecieran los británicos que incendiaron la residencia y también el Capitolio. En ocasiones actuó como Primera Dama durante la administración de Thomas Jefferson, que era viudo. La historia de la señora Madison se cuenta en la película "La Primera Dama", dirigida por Franz Borzage en 1946.

Ahora sólo cabe esperar que Madison, el único presidente que vio la muerte de dos de sus vicepresidentes mientras todavía estaba en el cargo, no sirva como ejemplo de lealtad a Donald Trump.

El empeño de Melania por quedarse en su torre de marfil (la mole Trump de Manhattan), obligará a establecer una seguridad paralela, para ella y para su hijo, con un alto coste que soportarán las arcas federales, claro que como Donald ha renunciado al sueldo, tal vez así compense el estipendio.

Además, la vigilancia especial se aplicará al colegio de Barron y a los visitantes y trabajadores de la Trump Tower que tendrán que acceder a controles similares a los de un aeropuerto.

No es un buen comienzo para la segunda esposa de presidente nacida en el extranjero, que dice querer emular a Jackie Kennedy. La mujer de JFK, acostumbrada al lujo exquisito desde su primer segundo de vida, hizo de tripas corazón y se mudó a la casa que los Eisenhower habían dejado en un estado lamentable, o al menos poco glamuroso, dispuesta a devolverle el esplendor. Lo logró. A ella se le debe la recuperación de la vivienda, que reformó por completo reutilizando piezas clásicas y reproducciones, a través de un programa de financiación basado en la edición de una guía histórica de la casa y libros sobre los presidentes.

El legado de Jackie permanece hasta en los jardines, con la famosa rosaleda que lleva su nombre. Claro que eso fue mucho antes del huerto ecológico de Michelle Obama. Quizás la señora Trump tema que alguien le ponga una azada en la mano. De momento ha anunciado que volará a Washington cuando su presencia sea requerida. Ivanka, la primera hija, se frota las manos. Ella, con un impecable inglés americano, nada que ver con el que chapurrea su madrastra. El culebrón doméstico de los Trump acaba de empezar.