|
|
|
HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
|
n Javier GARCÍA RODRÍGUEZ
Este artículo debería haberse llamado «La triple a». Pero los sentimientos que despierta la sola mención de este nombre por las infames acciones y los execrables crímenes cometidos en su nombre y bajo su advocación aconsejaron no jugar (siquiera en titulares de doble sentido o engañosos) con las palabras. Las palabras también pueden hacer mucho daño, ya se sabe.
De Asturias a Asia pasando por (Jesús) Aller es el resumen -y como tal resumen, rácano y limitado- de la obra literaria de este escritor gijonés nacido en 1956 y que cumple con el designio bíblico del pan y el sudor desempeñándose como profesor de Geología en la Universidad de Oviedo, donde investiga su parte estructural y los movimientos de las placas tectónicas. Y muy probablemente haya sido esta dedicación al estudio de los entresijos de la superficie y del interior de la tierra y de las relaciones que en ella establecen las placas (sus movimientos, sus choques, sus fricciones, su deriva constante) lo que le haya llevado a interesarse como escritor por lo que hay bajo la superficie de lo visible y de lo previsible en el ser humano (sus movimientos, sus choques, sus fricciones, su deriva constante). De ahí que el viaje, que, como se sabe, se hace siempre en dos direcciones (buscando lo más lejano y abocándose a lo íntimo), haya sido el pretexto de Jesús Aller para desarrollar gran parte de su trayectoria literaria.
Trayectoria
La obra de Jesús Aller comienza con tres cuadernos de poemas: «Pájaro sobre el mar» (1980, 1988), «Non serviam» (1987) y «Teoría del centro» (1990), que fueron luego reunidos bajo el título de «Poesía (1980-1990)». Como para romper premeditadamente la línea iniciada con la poesía, acomete posteriormente la redacción de un relato erótico publicado en 1998 amparándose en una variante del viejo recurso literario del manuscrito encontrado. El apócrifo investigador de Cambridge Paul G. Masby editó y dio a la imprenta su «Officium veneris», para regocijo de erotómanos pertinaces y lectores mancos. Años después, fruto de sus viajes y su interés por las culturas orientales, surge «Asia, alma y laberinto» (Llibros del Pexe, 2002), condensado y decantado relato de los viajes que a lo largo de siete años realizó el autor por lugares como Birmania, Camboya, Nepal o Tibet, y donde Aller mezcla narración de experiencias, retratos de personas, ciudades y paisajes, recuerdos, reflexiones e incluso deja apuntes de sus intereses profesionales: un itinerario íntimo con pretensiones de comunicar. Luego publica «Recuerda» (Llibros del Pexe, 2004), un libro híbrido (como casi todos los suyos) en el que se mezcla prosa y verso, reflexión y poema, descripción y lirismo, para tratar de fijar una mirada propia sobre el mundo. En él encontramos reflexiones tan precisas como ésta: «Así, mirando las cosas y sacudiéndose el yugo, vemos por todas partes que estallan mundos escondidos. Es el gozo de hallar lo más querido que yacía olvidado, y se respira un placer inefable de abandono, extinción. Lo trivial en nosotros se desmorona, y en el corazón de cada ser percibimos una humilde llamita que brilla muy dentro, como un tenue rescoldo del vientre de la estrella».
Lo más reciente
El último libro de los publicados por Jesús Aller es el precioso volumen «Subhuti» (Llibros del Pexe, 2006), donde las líneas maestras de la creación literaria se concretan en el viaje como punto de partida y en el uso del manuscrito interpuesto, del texto descubierto y hecho público, todo ello envuelto en las reflexiones en torno al yo y la experiencia a partir de una personal interpretación del budismo. Hay ciertas similitudes, entonces, con la técnica narrativa utilizada en «Officium veneris», pero también en el juego de salpicar una narración eminentemente filosófica o de crecimiento interior con pistas de relato erótico encubierto, al menos en el inicio. ¿Qué otra cosa puede ser si no un parrafito como éste: «¿Se reconoce en el sudeste de Asia algún influjo de las corrientes tántricas indias, y más concretamente de las que se suele denominar "de la mano izquierda"? La penetración tántrica en el budismo tibetano es un hecho bien conocido, y la cuestión era saber si la tradición birmana, por ejemplo, en general libre de ella, llegaba a manifestarla en algún caso particular».
El viajero
Jesús Aller es un viajero que integra sus experiencias en las voces de otros que le aportan suficiente sustento experiencial como para transmitir un camino personal. El uso de la fotografía, del aforismo, del relato, del poema son sólo formas del decir, escrituras despojadas en las que el yo se subsume, desaparece, adopta máscaras, para dar paso al puro pensamiento (que no tiene por qué ser el pensamiento puro). «Subhuti» se presenta como la traducción española de un antiguo manuscrito conservado en el monasterio birmano de Maha Gandayon de Amarapura, realizada por Jesús Aller a partir de una versión inglesa realizada por el bibliotecario Lun Sein. Todas estas mediaciones narrativas evidencian un propósito estilístico, y parecen decir que para hablar del yo hay que, precisamente, despojarse del yo (uno de los poemas de este libro, el titulado «Eternidad», dice «Este entrañable mundo, / pequeñas / cosas / mías / me ha venido a decir una palabra / que escondía en su seno. / De la maga penumbra / le llegan pensamientos / a un hombre que no existe». La creación de un personaje que va creciendo en las experiencias interiores y en las experiencias externas es la forma en la que Aller introduce las tradiciones orientales que le resultan tan familiares.
On the road again
Fragmentos de una vida es el subtítulo de «Subhuti», y no es anecdótico este subtítulo porque probablemente designe una forma de mirar esa existencia en la que lo menor, lo fragmentario, lo mínimo, lo inacabado, tiende a la perfección, que podrá ser la nada. La propuesta de Jesús Aller es reivindicar el camino como proceso y como lugar de aprendizaje, como fin en sí mismo, y no como herramienta hacia un fin mayor que sería el destino final. No es llegar a ninguna Ítaca (esté en Asia o en el Alma) lo que se persigue. No es vano recordar las palabras de Cavafis: «É pide que tu camino sea largo y rico en aventuras y conocimiento»; y también: «No apresures el viaje, mejor que dure muchos añosÉ». Para ser sabio y en experiencias rico, que dice el poeta. No puede ser de otra manera. Camino y destino final es lo mismo. Ida y vuelta son procesos idénticos. Como en el poema de Jesús Aller titulado «Camino»: «Si la vida es un viaje, no lo dudes, / mejor cuanto más lejos. / Pero al final resulta lo más hondo / el latir de un recuerdo. / Cansados del camino, descubrimos / que todo ha sido un juego, / que tras el horizonte sólo hallamos / lo que llevamos dentro. / Si todo es un regreso, /¿por qué tenemos miedo?».
| CONÓZCANOS: CONTACTO | LA NUEVA ESPAÑA | CLUB PRENSA ASTURIANA | PUNTOS DE VENTA | PROMOCIONES | PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR |
|
|
|||||||