n Carlos CUESTA
Estos territorios de la provincia de Huesca tienen cierta similitud con Asturias, especialmente los contornos del norte de la Ribagorza, camino del Pirineo. El paisaje, verde en unos casos y estepario en otros, refleja la variedad medioambiental de esta zona aragonesa bañada por los ríos Vero, Cinca e Isábena.
La ruta turística se puede iniciar en el complejo de San Julián y Santa Lucía, ubicado en Barbastro, la capital del Somontano. El antiguo hospital de San Julián acoge además de la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Somontano, la Oficina Municipal de Turismo y el Museo del Vino. En la vetusta iglesia renacentista dedicada a Santa Lucía se encuentra el Centro de Interpretación del Somontano, donde se podrá conocer el destacado patrimonio cultural, artístico, monumental, paisajístico y etnográfico de esta tierra, en la que el vino es una seña de identidad del territorio. Y siguiendo el camino vinícola hay que mencionar diferentes bodegas que forman parte del tejido turístico de estos espacios. Enate es una de las empresas enológicas más modernas. Sus propietarios son de origen asturiano, la familia Nozaleda Arenas. Han apostado por estos entornos oscenses y en su complejo se elaboran vinos de calidad contrastada que se exportan a más de 40 países. Otras empresas notables son Lalanne, la más antigua bodega de la zona, instalada en 1894 por bodegueros franceses. En su momento, sus vinos eran transportados desde el puerto de Gijón a Francia. Viñas del Vero-Blecua, una instalación modélica donde, aparte de trabajar buenos caldos, merece la pena conocer su biblioteca gastronómica, en la que no faltan autores asturianos de la talla de Víctor Alperi, José Antonio Fidalgo o Elviro Martínez.
En torno al vino
Entre el impresionante y singular patrimonio natural del Somontano, destaca la espectacularidad del parque natural de la Sierra y los cañones de Guara. Durante millones de años, los ríos, la lluvia y el viento han modelado profundos cañones y barrancos, dando origen a un paisaje único en Europa, un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza y de los deportes de aventura.
A su asombrosa variedad de paisajes, fauna y flora, se suma la riqueza de su patrimonio histórico. El territorio está salpicado de bellas construcciones populares, muestras artísticas (Románico, Gótico, BarrocoÉ) y cuidados conjuntos urbanos que nos trasladan a otras épocas. Tal es el caso de la villa medieval de Alquézar, declarada conjunto histórico-artístico.
Merece la pena una visita con la tranquilidad del paseante. En la cuenca del río Vero, con sus abrigos colgados de espectaculares acantilados rocosos, encontramos uno de los conjuntos de arte rupestre prehistórico más importantes de la península Ibérica. Más de 60 abrigos con pinturas de todos los estilos de la Prehistoria europea merecieron la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Mención especial merece Barbastro, corazón del Somontano. Históricamente ha desempeñado el papel de ciudad de ferias, centro comercial y de servicios. La localidad se articula en torno a su conjunto histórico-artístico, donde destaca la catedral de la Asunción (siglo XVI). También cabe destacar por su grandiosidad el santuario de Torreciudad, en la orilla del pantano de El Grado, que se ha convertido en el centro de la ruta mariana entre el Pilar y Lourdes, acogiendo anualmente a miles de peregrinos.
La Ribagorza
La Ribagorza, comarca hermana del Somontano, conserva huellas de su intenso pasado. Las manifestaciones artísticas alcanzan su mayor esplendor en la época medieval, prueba de ello son los numerosos monumentos religiosos, civiles y militares de puro estilo románico que salpican el territorio. Un ejemplo de esas construcciones es el pueblo de Roda de Isábena, centro espiritual de la Ribagorza desde que los condes Ramón II y Garsenda de Fezensac fundaron una sede episcopal destinada a consolidar la independencia de su condado, nacido en el siglo IX. Su catedral y el claustro resultan sorprendentes a los ojos del viajero. Siguiendo la ruta del Pirineo, en la localidad de Campo, sobresale el Museo de los Juegos Tradicionales. Un centro cultural dirigido por el animoso y estudioso local Fernando Maestro que reúne los más diversos juegos del mundo rural de toda España, como, por ejemplo, los bolos. En este aspecto, Asturias está muy representada por esa noble tradición bolística, un juego muy arraigado en toda la región y que en los diferentes paneles explicativos hace alusiones a la importancia que tiene en todo el Principado.
En el centro de la comarca se encuentra la Villa de Graus, capital de este territorio y lugar de encuentro y tradición mercantil. Su plaza mayor, de origen bajomedieval, es una de las bellas y notables de Aragón. El gerente de los lagareros asturianos, José María Osoro, que tiene sus ancestros en esa localidad oscense, siempre me habló muy bien de Graus, tierra de la mejor longaniza y afamadas trufas, junto con el santuario de la Virgen de la Peña.
En definitiva, acercarse por estos rincones de la geografía altoaragonesa es sentir los impresionantes paisajes de la Maladeta o vivir el Románico que se esparce por todos los pueblos de la zona. También disfrutar de un buen vino de la tierra en compañía de un ternasco al horno o unas chiretas, típico aperitivo formado por fritura de tripa de cordero con arroz y especias que gusta al personal. Una manera de hacer turismo conociendo unos entornos plenos de belleza espiritual y serena, donde el paisanaje es todo un capital.