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Viaje toponímico por Güeria

 
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Viaje toponímico por Güeria
Viaje toponímico por Güeria r. f. o.
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Roberto F. OSORIO

Cada rincón, cada curva, cada finca tiene sus nombres. No están puestos sin sentido, todos tienen su porqué. En las zonas rurales el abandono de los praos y de los pueblos va a llevar a la pérdida de muchos nombres. Todos tendemos a resumir una zona con una sola denominación. Vamos a los puertos de Güeria y al cruzarlo pasamos por tantos topónimos que nos ilustrarían de lo que allí había o el uso que tenía. Las brañas de Los Cuadros, La Xinxial, Solacebal no suenan en ningún sitio. Tan sólo, unos ejemplos de una riqueza semántica y lingüística que se perderán para siempre.

En el macizo de Ubiña, que pertenece a Quirós, hay multitud de lugares con nombres muy claros. Los praos Primeiru, Segundu y Terceiru indican su situación en la peña por encima de la Maserona, antigua cubeta glaciar, en la braña Chaseiru. Hace tiempo llevaban las ovejas a esos praos en el verano, había que pasarlas al hombro para meterlas en ellos. La Senda l'Abedul o el prao Pladano denuncian la presencia de estos árboles en estos rincones de la masa caliza. El Buracu o el Ventanón nos explican que hay una gran ventana en la peña o un pozo. El prao La Cueva y el prao La Silla marcan la existencia de una sima y un lugar con forma de silla. La Silla'l Rey en el camino a Llamasalga nos dice que hay una gran piedra caliza con forma de trono.

Todos los praos anteriores en la caliza de Ubiña no podemos identificarlos con grandes extensiones de terreno. Algunos son tan sólo pequeñas manchas de verde en medio de las paredes rocosas. Nombres con historias como la Senda Covián, donde cuenta una vieja historia de dos cazadores, hermanos, llegaron cazando a la chastra detrás de unos rebecos. Decidieron ascender hacia la cumbre del Ranchón, pues era muy complicado descender. Llegaron a despedirse, pues sabían que cualquier error los llevaría a despeñarse centenares de metros. No fue así y llegaron a la cima, donde rompieron las escopetas. Otra versión dice que uno descendió y el otro ascendió, Covián, de ahí quedó su nombre.

Vallinancha o Vallinaestrecha nos hablan de dos canalones en el frente de Campu Faya con dimensiones contrarias. En una ocasión se hizo una copla, pues se acotó la primera para pacer las vacas de un vecino pudiente. Éste hizo regalos al Ayuntamiento para que le permitiera cerrar un espacio público. «Vallinancha está cerrada / con jamones y manteca / en viniendo la calor / quedará la finca abierta». El canalón de Rolamuela separa el Güertu'l diablo del Ranchón. Cimas por encima de los dos mil metros. El canalón es una gran cicatriz que separa la caliza a lo largo de centenares de metros. Dicen que sólo lo descendieron una vez unos vecinos que venían escapados de Babia cuando la guerra. Era su única manera de salvarse.
El Güertu'l Diablo, pues para los vaqueros quirosanos sólo hay uno, es una gran depresión en medio de la Pena, que parece un gran huerto que sólo el diablo o los rebecos usan. Tiene una sola entrada y salida para los humanos, aunque hubo alguno que salió por otro sitio. Cazadores que iban de madreñas o alpargatas por aquellas crestas. Cabreros que conocían las «pasas» de todas las zonas, que no sabían del vértigo, aunque sí del miedo.
Relacionado también con el Maligno está el Canalón del Infierno, que asciende por el Fariñentu hasta su cumbre desde los pedregales de Cueva Palacio. Una gran cueva que sirvió de refugio y polvorín durante la guerra civil para las tropas republicanas que vigilaban las altas cumbres.

La Veiga'l Robezo es un antiguo glaciar que separa la zona babiana de la quirosana. Una gran pradera de hierba espesa donde el rey es el rebeco, señor de las cumbres. También hay espacio para las leyendas de xanas y de ánimas. En Vachina'l Corro hay dos pozos naturales de grandes dimensiones. De uno de ellos emana un olor sulfuroso, lo que indica la presencia de corriente de aire. En el otro pretendieron bajar unos paisanos de Ricao, prepararon unas sogas y bajaron unos metros. Los ruidos de pájaros en el interior, de agua y viento los hicieron desistir con la explicación de que se molestaban las almas que allí estaban. También había otra historia en la que se contaba que una xana llegaba allí volando desde la cueva del Garabuetu. En este lugar tomaba el sol y después cruzaba el Valle volando. En el Retuertu cayó una moza y sus corales aparecieron en el Nacimientu del río Lindes.

Vamos a abandonar la zona de la Pena de Güeria, como decían antes los vaqueros quirosanos para pasar al lado contrario, Penarueda. Allí también hay multitud de topónimos. La Cueva'l Viento o la Cuesta los Adenes nos marcan las características de estos lugares, en uno manda el viento y en el otro los frecuentes aludes de nieve por su gran pendiente. Las Pedrosas o las Pedrosinas nos dicen que están al final de la pendiente y forman unas zonas con abundantes piedras, aunque no son pedregales.

En Rueda cuentan que hay una fuente, la de Manuel Andrés, aunque el encontrarla es harto complicado. La encontraron dos paisanos que la bautizaron con sus nombres. Eran cazadores y vieron salir a un «robezo» con las patas mojadas de una pequeña cueva que hay cerca de la cima. Así la encontraron. En Los Fornos hay un paso que evita un gran rodeo. Se pasa sentado sobre una sola nalga y agarrado a la roca. Tan sólo son treinta metros, pero muy peligrosos. Se llaman así porque asemejan con sus agujeros unos hornos de pan.
Otro lugar que debía dar miedo es la Escudiella del Diablo. Son cuatro piedras formando un pequeño cuadrado en el camino de Los Forgaos que lleva a Cochao Lingleo. La gente cuando pasa tira una piedra dentro de ese recipiente diabólico para evitar que salga Belcebú. El uso ganadero de los puertos está en la piedra El Vaqueiru, es una gran roca plana situada en el Camino de la Veiga hacia la Campa'l Ministerio. Las leyendas de los vaqueros dicen que debían saltarla con siete botas de leche de un lado a otro. Es muy difícil que alguien lo pueda conseguir, incluso sin peso adicional.
Éstas son tan sólo algunas historias de estos lugares que se perderán para siempre, pues no están recogidas en ningún texto y los mapas no nos ilustran con estas leyendas o cuentos falsos o verdaderos. Éste es el viaje toponímico a la alta montaña quirosana.

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