Oviedo, P. R.
El Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón, inaugurará el próximo jueves la exposición «El viaje en tres dimensiones. Fotografía estereoscópica del transporte en Asturias, 1900-2008», que aborda la relación entre el viaje y la fotografía. Se trata de ochenta fotografías de comienzos del siglo XX y unas imágenes actuales grabadas en 3D, y dura veinte minutos. Realizada por el citado Museo y el Área de Expresión Gráfica en la Ingeniería de la Universidad de Oviedo, cuenta con el apoyo de Cajastur y del Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo del Ministerio de Fomento (CEHOPU).
La muestra gira alrededor de un audiovisual en 3D muy parecido al presentado el año pasado en la titulada «La vida en tres dimensiones. Fotografía estereoscópica en Asturias, 1890-1936», que se pudo ver en el Museo y más tarde en la sala de exposiciones de Cajastur en Oviedo. Los fotógrafos representados en ella son: Felipe Álvarez-Estrada Díaz (Gijón), Gaspar Díaz Valdés-Hevia (Gijón), Fernández Villaverde (Madrid), Pedro García Mercado (Lliberdón, Colunga), Antonio López Miranda (Soto de los Infantes, Salas), Adolfo Llavona Venta (Oviedo) y José María Noriega Romano (Llanes).
Desde su inicio, en 1839, la fotografía estuvo ligada a los viajes. Los viajeros acostumbraban a tomar imágenes de los lugares que visitaban y también del medio de transporte utilizado. Carreteras y coches, estaciones y trenes, puertos y barcos aparecían con frecuencia en las imágenes que tomaban los viajeros y, a menudo, según destacan los responsables del Museo, esas fotografías eran estereoscópicas, es decir, en tres dimensiones.
Charles Wheatstone (1802-1875) fue quien estableció, en el año 1838, el principio básico de la visión estereoscópica, que consiste en la capacidad que tiene el cerebro de interpretar las dos imágenes distintas que vemos, una por cada ojo, como una misma «cosa» dotada de profundidad. La visión tridimensional se consigue mirando simultáneamente con ambos ojos dos imágenes de un mismo objeto que hayan sido registradas desde dos puntos de vista diferentes, manteniendo una separación igual o proporcional a la de nuestros ojos, y empleando para ello un estereoscopio. En 1853 se inventó la primera cámara estereoscópica, fabricada en madera y dotada de dos objetivos para captar la doble imagen. En 1891 llegó el verascopio de la casa de Jules Richard, de París. Las fotografías estereoscópicas se hicieron primero en daguerrotipo y después en negativos que se positivaban en papel o en cristal. En los años treinta del siglo XX esta técnica dejó de utilizarse.