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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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ANA CRISTINA TOLIVAR ALAS Asturias siempre fue pródiga en voces líricas. Si nos ceñimos a la cuerda de barítono contamos con relevantes figuras, desde los ovetenses Augusto Ordóñez y Joaquín Villa y los gijoneses Servando Bango, Paco Meana y Antonio Medio - destacados intérpretes a lo largo del siglo XX- hasta el castrillonense David Menéndez, quien desarrolla en la actualidad una brillante carrera.
Sin embargo, suele olvidarse la figura del «moscón» Joaquín García Tamargo, quizá el más importante barítono asturiano de todos los tiempos a escala internacional. Sólo el admirado y recordado periodista e investigador Luis Arrones dedicó a este cantante en 1984 un extenso artículo en la prensa asturiana. A partir de la semblanza trazada por Luis Arrones, así como de los datos aportados por su familia, pueden trazarse las principales líneas de su trayectoria vital y profesional.
Nació Joaquín García Tamargo en Somines (Grado), en 1869. Siendo adolescente se trasladó a La Habana donde formó parte del Orfeón de la Sociedad Coral Asturiana, destacando por sus extraordinarias cualidades vocales. Tanto es así que se le animó a trasladarse a Milán, para lo que contó con la ayuda de su tío Cándido García, residente en Cuba, así como con la recaudación que obtuvo con lo que entonces se denominaba un «beneficio», es decir, un recital o función a favor de un cantante. En Italia estudió canto durante dos años, siendo su principal maestro el español Federico Blasco, regresando luego a Cuba.
En el lujoso Teatro Payret de La Habana -que había sido inaugurado en 1877 por el general Martínez Campos- hizo el joven barítono su debut interpretando el papel de Valentin en la ópera «Faust» de Gounod. Posteriormente asumirá los principales roles de su cuerda en las óperas «La Favorita», de Donizetti, y «Don Carlo» y «Ernani» de Verdi. Las críticas publicadas por el «Diario de la Marina» o «La Razón» no pueden ser más elogiosas: hablan de su «prodigioso organismo», su «exquisito gusto» y su «singular maestría» , considerándole, por el volumen y timbre de su voz, «una verdadera esperanza del arte lírico». El diario «Unión Española» de La Habana destacaba el 24 de mayo de 1899 la «irreprochable escuela de canto» del joven barítono. Otros diarios ponen de relieve que el aplaudidísimo Joaquín García Tamargo es un artista «llamado a ser cantante de première force», «un barítono de primissimo cartello» al que «le aguarda un porvenir de gloria».
Lamentablemente la mayoría de los recortes de prensa conservados que dan cuenta de su paso por los coliseos de Estados Unidos, toda la América hispana, Italia, Francia, Inglaterra y España (Teatro Real, Liceo de Barcelona, Campoamor de Oviedo, etc.) con la compañía italiana de Lambardi, carecen de fecha e incluso de indicación del periódico de procedencia, lo que dificulta enormemente el establecimiento de una cronología de las actuaciones de Joaquín García Tamargo. Pero sí se evidencia que obtuvo grandes éxitos en óperas como «Aída»; «Carmen», «Manon», «Il Trovatore» o «Un ballo in Maschera» -título este último que interpretó junto al gran tenor ovetense Lorenzo Abruñedo, con quien también cantó «La Favorita»- o «La Dolores», de Bretón, y se sabe que actuó en el Metropolitan de Nueva York, Covent Garden de Londres y Scala de Milán. Los fragmentos de críticas en italiano que se conservan derrochan elogios a sus actuaciones en «Attila» («Bravo il barítono sig. García, he la sua acutissima parte («Ezio») disimpegna con rara abilità e sicurezza»), así como en otros títulos operísticos y recitales. Se dice de su voz que es «robusta, intuonata, pastosa» y que el artista «piace molto, non solo per la buona scuola alla quale fu educato, ma altresì per la disinvoltura nell'azione scenica».
Consta también por los extractos de prensa que, a menudo, era tal el entusiasmo que suscitaba en el público que, ante los incesantes aplausos, se veía obligado a ofrecer varios bises.
Alcanzada la cincuentena, decidió Joaquín García Tamargo retirarse de los escenarios y volver a Asturias, donde - al año de haber abandonado su carrera artística - contrajo matrimonio con María Álvarez González, natural de La Mata, localidad cercana al Somines natal del barítono. María era viuda y había vivido también en América. Los esposos fundaron en Gijón el hotel «Petit-Palais», en la calle Corrida esquina a Seis de Agosto, y tuvieron tres hijos varones: Raúl, Orlando y Rodolfo. Según recordaba muchos años después Raúl, nacido en 1922, el artista aún cantaba a veces en el hotel con voz sonora y poderosa acompañándose al piano.
Falleció Joaquín García Tamargo en 1927. Ninguno de sus tres hijos se dedicó profesionalmente a la música, pero sí dos de sus nietos: Begoña García-Tamargo, soprano y profesora de Canto del Conservatorio Superior de Música de Asturias, y Rodolfo García, guitarrista y actual director del Conservatorio Superior de Música de La Coruña.
A pesar de lo incompleto de la documentación conservada por la familia, creemos que ofrece pistas suficientes para seguir los pasos por los grandes escenarios mundiales de esta importante figura de la lírica y poder así dedicarle la biografía que se merece.
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