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ALBERTO ÁLVAREZ PEÑA
Etnógrafo, acaba de publicar «Cuentos colloraos de la tradición oral asturiana»
Oviedo, Elena F. PELLO
Alberto Álvarez Peña tiene una larga experiencia recopilando mitos y leyendas. Los ha ido buscando por toda la cornisa cantábrica y los ha recogido en varios libros. Las historias picantes que la gente le fue contando y que entretuvieron su camino han acabado pariendo otro nuevo libro, «Cuentos colloraos de la tradición oral asturiana», editado por Picu Urriellu e ilustrado por el mismo autor.
-¿Cúal es el origen de esta recopilación de cuentos?
-He recopilado 57 cuentos de Oriente y Occidente, contados por paisanos y paisanas y en diferentes fechas, entre 1996 y 2007. En el libro registro el cuento entre comillas, quien lo contó, su edad, el pueblo y el concejo. A veces documento el cuento, si la misma historia aparece en el Decamerón de Bocaccio o en el Libro del Buen Amor o en otros países. El libro fue surgiendo mientras yo hacía trabajo de campo sobre mitología, hablando con la gente. Regresaba y yo mismo contaba alguno de ellos, mi editor se sorprendió y me propuso ordenarlos y sacar un recopilatorio.
-¿Algún denominador común?
-Abundan los cuentos de curas, que en vista de lo que cuentan hace doscientos años debían llevar una vida bastante licenciosa. En ocasiones me encontraba el mismo cuento en Llanes y en Cangas de Narcea. Curiosamente las mujeres siempre salen bien paradas, los que salen chamuscados son los hombres, el cura licencioso y el marido cornudo o consentidor. Hay dos cuentos en los que aparece el diablo, pero como una figura en la que se agrupan personajes más antiguos. En uno un hombre le pide que cuide a su mujer durante los tres días que él estará fuera, la mujer se entiende con el cura y el diablo tiene que hacer todo lo posible para evitarlo, y lo pasa muy mal. Esa historia se cuenta en Cangas del Narcea y en Sajonia.
-¿Cómo es posible que la misma historia viaje a lugares tan lejanos?
-Existiría un sustrato cultural común que, al desaparecer, como ocurre con la nieve, dejó islotes o quizás la gente viajaba más en la Edad Media de lo que creemos ahora, llevando los cuentos con ellos. Las personas que me contaron estas historias no saben quién era Bocaccio ni mucho menos, porque lo que él hacía era recoger lo que el pueblo contaba.
-¿En qué ocasiones se contaban?
-En el sanmartín, en les esfoyaces... En Salas cuando yo era crío recuerdo haberlas oído en el sanmartín, de boca de hombres y mujeres de 70 u 80 años, pero como era un niño no los entendía. Son cuentos de carácter chistoso, irónicos, con humor negro.
-Los relatos se complementan con sus propias ilustraciones.
-Son fruto de mi imaginación. Las personas que me contaron las historias no los han visto, no sé lo que pensarán de ellos.
-¿Los asturianos son especialmente aficionados a los relatos eróticos?
-Hay cuentos que también aparecen en la literatura castellana, pero en Asturias la gente es más dada a contarlos y no son tan pudorosos como en Castilla. La gente es más abierta y el cuento más picante te lo cuenta una mujer de ochenta años con total naturalidad.
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