Ángel FIDALGO
El colegio de La Encarnación o el colegio de Llanes, como siempre se conoció, fue nada menos que durante sesenta años el centro cultural de la villa. Ahora, el vetusto y señorial edificio lo ocupa el Hotel Don Paco, lugar en el que muchos indianos de México y Venezuela les gusta alojarse durante la época estival.
La historia de este emblemático colegio, que fue inaugurado el 1 de octubre del año 1873, la recupera ahora el semanario El Oriente de Asturias en el libro titulado «La Encarnación, mucho más que un colegio», bajo la cuidada dirección del incansable Lolo Maya, que continúa al frente del timón del periódico familiar. Naturalmente la presentación del nuevo volumen era obligado hacerla en el Don Paco.
El Colegio de la Encarnación fue el fruto del espíritu ilustrado del que siempre hicieron gala los llaniscos y del que salieron notables personalidades, en un momento en que en el municipio había nada menos que 2.100 niños que, repartidos en veinticinco escuelas, sólo podían acceder a la educación primaria. La educación era entonces un bien escaso y de difícil acceso.
Por esta razón un grupo de llanisco con inquietudes culturales y visión de futuro se marcaron el objetivo de construir un colegio de segunda enseñanza y tras lograr los fondos necesarios y encontrar el edificio adecuado, que era el antiguo convento de las Madres Agustinas, encomendaron a los padres escolapios tan noble tarea.
Será este colegio, decían los prohombres llaniscos, uno de los más concurridos de las provincias del norte de España, basándose en la localización geográfica de Llanes, equidistante entre Oviedo y Santander, y en el hecho de estar enclavado en una amplia zona en la que había 180.000 habitantes. Un centro este que nacía con la firme vocación de dar educación desde los hijos del más pobre menestral hasta los de aquellos que ocupaban la mejor posición en la sociedad.
El día de la inauguración del colegio de La Encarnación, Llanes fue una fiesta. Las casas y los edificios se decoraron con artísticas colgaduras y en muchos casos con sugestiva iluminación.
Un centenar de alumnos externos y otros tantos internos formaron la primera promoción, bajo la atenta dirección de don Miguel Mantilla Hoyos.
Con el tiempo un ex alumno del centro, Vicente Pedregal Galguera, gran cronista de Llanes, recordaba así al que fuera primer director del colegio: «Don Miguel Mantilla unía a su gran cultura una bondad extrema, que supo inculcar no sólo en su numerosa familia, sino en sus discípulos. Eran tales los desvelos que por ellos sentía que parecía poco cuanto hacía y lo que para él pudo ser un pingüe negocio, se reducía a un vivir al día contentándose con criar a su familia».
Con el paso de los años el colegio llegó a convertirse en una referencia en toda Asturias, no sólo por la calidad de sus enseñanzas a lo que contribuyeron excepcionales profesores, sino también por ser pionero en distintas disciplinas.
El uno de enero de 1885 inauguraba una estación meteorológica auspiciada por el Ministerio de Fomento, que tanta importancia tendría para un puerto pesquero y también comercial, como entonces era el de Llanes.
En el año 1900, por diversos avatares, se hacen cargo del colegio los padres Agustinos, que realizaron una importante labor animando a los jóvenes trabajadores para que después de su larga jornada laboral dedicaran las pocas horas de descanso que les quedaban al estudio, lo que hicieron muchos.
Otra de las aportaciones notables del colegio, en el que fueron pioneros, fue el de los estudios de la prehistoria del municipio, para lo que estudiaron las cuevas más importantes.
Pero a pesar de ser uno de los pilares de Llanes, el colegio de La Encarnación tuvo que cerrar sus aulas por problemas económicos y por el anticlericalismo del gobierno de turno, que promulgó leyes sectarias que sirvieron para que en el año 1933 las aulas del centro se cerraran a cal y canto.
No obstante, los agustinos decidieron quedarse en Llanes y fundaron la residencia de la Guía, pero esta es otra historia.