Candás,
Braulio FERNÁNDEZ
Candás no es el valle al oeste del río Nilo en el que descansan las tumbas de los faraones egipcios, conocido como el Valle de los Reyes, si bien ha tenido la suerte de ser lugar de paso o destino de numerosos miembros de la Familia Real española, lo que la convierte en la villa de los Reyes. Sorprende en un municipio con poco más de diez mil habitantes, que por una u otra cuestión, ha suscitado el interés de los Borbones hasta en siete ocasiones. La última visita aún está por producirse, aunque ya tiene fecha. Será el próximo 16 de octubre, cuando la Princesa de Asturias, doña Letizia, premie el esfuerzo de profesores y alumnos del Colegio Público San Félix de Candás por integrar visionariamente las tecnologías en las aulas con el séptimo de los viajes oficiales de la Casa Real a la capital de Carreño.
Pero no sólo los Reyes han mostrado interés por Candás. Tal y como relata el historiador carreñense autor de la primera historia del concejo, Marino Busto, «atraídos por la devoción o la fama del Santísimo Cristo, la villa ha sido visitada en todo tiempo por muy ilustres y encumbrados personajes foráneos de Asturias, pertenecientes a la iglesia, a la realeza o a la milicia». También del mundo de la cultura y de la sociedad asturiana existen datos de la presencia de importantes personajes en Candás, como indica otro historiador local, David Pérez Sierra, al señalar entre las «notables visitas egregias las realizadas por Jovellanos en la segunda mitad del siglo XVIII».
La primera de las visitas reales a la villa tuvo lugar un 27 de agosto de 1852, cuando la Reina Madre, María Cristina de Borbón, regente de su hija Isabel II entre 1833 y 1840, acudió a Candás con el único motivo de «postrarse a los pies de la venerada imagen del Santísimo Cristo», según Busto. Entró en el concejo procedente de Gijón, a través de la parroquia de Jove, atravesando en barca el río de Aboño. Días antes, la Corporación municipal había acordado, atendiendo al mal estado del camino que conducía desde el río de Aboño a Candás y por el cual debía pasar la sobrina y viuda de Fernando VII, ejecutar las mejoras necesarias en las caleyas por las que pasaría el carruaje de la Reina.
Según Marino Busto, una vez en Candás, y habiendo rendido culto al Cristo, la Reina «fue obsequiada con un almuerzo a cargo del Ayuntamiento cuyo importe ascendió a más de cinco mil reales». La devoción que la regente profesó en vida al Cristo de Candás no sólo se traslució en una visita al camerín de la vieja iglesia de San Félix, sino también en la transmisión de ese culto en la Familia Real, puesto que una de sus nietas, la Infanta Isabel Francisca de Borbón, mostró cariño a lo largo de su vida al Cristo marinero en variadas visitas.
La Infanta, conocida popularmente por «La Chata», hija de Isabel II y hermana del Rey Alfonso XII, estimaba además, «particularmente, al sacerdote candasín Saturnino Rodríguez, tenido por el cura de los pobres, dada su caridad», según Busto. Visitó Candás en varias ocasiones, de la que destaca la realizada el 27 de julio de 1909, cuando anunció que entregaría al sacerdote «un vestido para el Cristo». La Chata llegó en automóvil a Candás, y fue recibida a la entrada de la villa con un arco triunfal de flores con la dedicatoria de los pescadores de Candás. Era el año 1909 y el ferrocarril de Carreño acababa de ser puesto en marcha, por lo que no pudo ser hasta en una visita posterior, ya en 1915, cuando su llegada se produjo en la estación de tren de la villa, lujosamente engalanada por la Sociedad de Minas de Hierro y Ferrocarril de Carreño. Candás celebra precisamente este año el centenario de su ferrocarril.
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