El velero francés «Cid» realizó el primer embarque, el 26 de mayo de 1835

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El velero francés «Cid» realizó el primer embarque,  el 26 de mayo  de 1835
El velero francés «Cid» realizó el primer embarque, el 26 de mayo de 1835  
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En el archivo histórico de Asturiana de Zinc se encuentra lo que puede ser el primer documento de embarque de carbón de la Real Compañía Asturiana de Minas. Lo recibió el velero francés «Cid», matrícula de Nantes, que llegó el 26 de mayo de 1835 bajo mando del capitán Tahet.

Este buque se hizo a la vela el día 10 de junio desde el fondeadero de San Juan de Nieva con destino al puerto de Adra (Almería), con un cargamento de 2.620 quintales para el primer cliente importante de la explotación asturiana, SS. Scholtz Hermanos, que gerenciaban una fundición de plomo en San Andrés, localidad próxima a este puerto andaluz.

No fue casual que el primer transporte lo hiciera un velero francés, como ocurriría frecuentemente desde entonces, ya que estos buques tenían asegurado cargamento para el regreso desde el puerto almeriense, donde embarcaban plomo para los puertos franceses del canal de la Mancha, y también con uvas pasas, barriles de vino y de aceite. En su viaje de ida inicialmente se aprovisionaban en el puerto de Gijón, pero después comenzaron a hacerlo también en el fondeadero de San Juan.

Años más tarde, un descenso en las exportaciones de plomo y la plaga de filoxera, que afectó a las cepas repartidas por toda España, desde La Rioja a Andalucía, que acabó también con las vides que producían las uvas de Málaga que se exportaban cuando eran pasas, encarecería enormemente la llegada de carbón por vía marítima, hasta el extremo de llegar a hacerlo insostenible.

En otras de las rutas, el autor concede una importancia especial a la llegada a San Juan de Nieva del bergantín-goleta «Español», mandado por el capitán Eugenio Cantón, que embarcó 929 quintales castellanos en febrero de 1836 para el almacén que tenía el Gobierno para aprovisionar los barcos de vapor de Santander.

Leoncio Zaldúa será el encargado de los fletamentos de los buques que transportaban el carbón para Vapores de la Marina Española, que se convirtieron en uno de los primeros y más importantes consumidores del carbón que salían de Arnao.

Otros veleros, en esta ocasión de menor porte, también llamaron la atención de Alberto Vilela. Éste es el caso del quechemarín «Numantino», al mando de Ramón Obaño, que el 19 de junio de 1935 embarcó 1.160 quintales para el puerto de Santander.

En ese mismo año también están registradas las entradas de los también quechemarines «Rada», «Caridad» y «San José», para cargar carbón para el puerto cántabro.

De la intensidad de este tráfico marino dan también ejemplo los veleros que al año siguiente continuaron embarcando carbón en la misa ruta: los quechemarines «El Americano» y «Flor de Vigo», y el bergantín «Campeador».

La demanda de fletes llegó a plantear un serio problema de transporte, dado que la flota asturiana era insuficiente para atenderlo, y precisamente en un momento en el que la mina se encuentra en su mejor rendimiento de explotación.

El gran desarrollo que estaba adquiriendo la metalurgia de plomo obligaba a los compradores del Sur a contratar barcos de bandera francesa en los puertos de Rouen, Nantes y Marsella. En esa época los grandes veleros españoles se dedicaban en su mayoría a cubrir las rutas comerciales con los puertos de las colonias americanas.

Así fue como se hicieron en Avilés famosos los veleros «Le Vayllant», «La Felicité», «Zulima», «La Eugenie», el «Mont Saint-Michel y «Le Heureuse Melanie», entre otros muchos.

Pero cada barco necesitaba otras cargas para rentabilizar su explotación, lo que hizo que cada vez fuera más difícil contratarlos.

Las condiciones que ponían en muchos casos eran imposibles de cumplir. El director de la explotación minera, Armando Nagel, escribía en una de sus cartas a uno de los responsables de la fábrica de plomo de Adra: «Decidme si tu buque podrá contar en ese puerto con un cargo de plomo o de otros artículos y cuál será su destino, porque sabe usted que los barcos franceses, sin tales condiciones, no vienen a tomar carbón».

Para compensar el descenso de estos fletes la empresa minera asturiana buscó nuevos compradores en Cádiz, Valencia y Barcelona, donde había mucha demanda de carbón para el consumo de los vapores que navegaban por el Mediterráneo. El primer velero que salió para Cádiz fue el «Amable Teresa», el 27 de junio de 1837.

Después llegarían otros puertos, como La Coruña y Málaga, entre otros.

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