LUIS FERNÁNDEZ ARIAS ARGÜELLO
Médico y escritor
Oviedo, Elena
FERNÁNDEZ-PELLO
La última novela de Luis Fernández Arias Argüello discurre entre la historia y la leyenda. «El señor de Poladura y la daga mágica» (Éride Ediciones) supone un quiebro en la trayectoria literaria de este asturiano, nacido en Gijón, aunque sus raíces familiares están en Pola de Lena. Fernández Arias Argüello ha escrito sobre el maquis asturiano -«Dos guerrilleros»-, sobre la minería -«Episodios mineros»-, cuentos, ensayos y artículos periodísticos. Esta vez se ha adentrado en la Edad Media y ha situado la acción en una península Ibérica que se disputan ejércitos cristianos y musulmanes. Las andanzas del protagonista de su novela podrían continuar en una segunda entrega, en la que está trabajando.
-Sus novelas anteriores estaban ambientadas en el pasado reciente. Ahora se traslada a la Edad Media. ¿Cuál es la razón de ese cambio de interés?
-La idea surgió en Poladura, a dos kilómetros de Rodiezmo. Yo estaba pasando unos días en Villamanín, con 14 o 15 años. Allí había unas cadenas enormes, que servían para dar asilo y que habían pertenecido a un convento y a la torre de los señores del lugar. Allí oí hablar de la historia de la daga, con la que enterraban a los muertos y que fue robada por los franceses.
-¿Cuál es el origen de la leyenda sobre la daga?
-Parece ser que allá por el año 700 de nuestra era un Ariamiro, antepasado visigodo del protagonista de la novela, dispuso que el arma fuese enterrada con él para defenderse del demonio y facilitarle el tránsito a la otra vida, lo mismo que los griegos, por ejemplo, metían un óbolo debajo de la lengua de sus difuntos para pagarse el viaje al más allá y en otras culturas se practican ritos mortuorios y supersticiones semejantes ante el definitivo desgarro y desconcierto que supone la muerte. A la daga se le atribuyeron poderes sobrenaturales y un fabuloso valor material. En varias ocasiones profanaron y saquearon la tumba en la que reposaba para robarla y puede que la última vez fuesen las tropas napoleónicas, allá por 1810, cuando arrasaron la torre y el convento.
-¿Cómo consiguió reconstruir la historia?
-Saqué documentos en León, en Ujo, Boo? Leí a Menéndez Pidal. Fueron dos años de preparación, documentándome sobre Enrique IV y sobre toda la historia, que luego avanza hacia Granada.
-Enrique IV es uno de los personajes de su novela y lo presenta como un rey controvertido.
-Ser médico me sirvió para perfilar con precisión la biología y la personalidad de Enrique IV. Marañón ya trató el personaje. Era un Trastámara, hijo de Juan II, y se le conocía como el Impotente. Se casó con Blanca de Navarra y no consumó el matrimonio, se divorció. Se decía que era afeminado, homosexual. Era un hombre rudo, descuidado, tímido, cazaba mucho y se llevaba a las prostitutas de Segovia a las cacerías. Ellas dieron fe de que los rumores sobre su impotencia eran falsos. En la novela describo su segunda boda, en Córdoba, en la que derrochó dinero.
-Pero él no es el protagonista del relato.
-La novela está protagonizada por Fernando Arias, señor de Poladura. Es un hombre tímido, muy noble en su comportamiento, alto, de buen aspecto, de ojos azules y bastante mujeriego en un principio. Cuento sus aventuras en las guerras de los moros y su historia con la daga, que lo lleva a una ermita en la sierra de Mágina. Fernando luchó en Granada con Enrique IV y junto a otros caballeros como Rodrigo Canseco. Viajó a Granada no sólo para batallar contra los moros, sino también para recuperar la daga.
-¿Qué parte de su relato es histórico y cuánto tiene de imaginación?
-La mayor parte es realidad. «El señor de Poladura y la daga mágica» es una novela histórica, mayormente ajustada a la realidad, por más que la segunda parte del título sugiera ficción o fantasía y alguno de los muchos personajes que intervienen en la trama no figuren con su verdadero nombre y apellido para no herir la susceptibilidad de sus posibles descendientes. Hasta la daga debió tener una existencia real. Yo soy agnóstico, pero entiendo que ante la nada de la muerte haya que inventar dioses. Eso decía Protágoras: «El miedo de los hombres creó a los dioses».
-¿Ha reservado alguna página para las aventuras amorosas?
-Hay amores, por supuesto. El protagonista, Fernando Arias, tiene amoríos con una judía y entabla relación con una mujer mora, Zoraida, enviada por un jeque para robar la daga. Zoraida y Fernando viven un terremoto y para describirlo me valí de mi propia experiencia. Fui testigo de uno en Grandas de Salime y me impresionó, así que en el libro describí el terremoto con mi miedo.
«La idea de este libro me surgió pasando unos días en Villamanín, cuando tenía 14 o 15 años, y oí hablar de la historia de la daga»
«Reconstruí la historia con documentos en León, en Ujo, en Boo... leyendo a Menéndez Pidal y documentándome sobre Enrique IV»