Torrente Ballester y el periodismo

l Su trayectoria en la prensa se inicia a los 17 años en el diario ovetense «El Carbayón»
l La obra periodística refleja mejor que su literatura la evolución intelectual e ideológica del escritor

 
Gonzalo Torrente Ballester, en una conferencia de Tribuna Ciudadana, en Oviedo, en 1986.
Gonzalo Torrente Ballester, en una conferencia de Tribuna Ciudadana, en Oviedo, en 1986. 

FRANCISCO R. PASTORIZA PROFESOR DE INFORMACIÓN CULTURAL EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Muchos años antes de publicar su primera novela («Javier Mariño», 1943), Gonzalo Torrente Ballester (El Ferrol, 1910-Salamanca, 1999) ya tenía a sus espaldas una abundante obra periodística que inició muy joven, a los 17 años, en el diario ovetense «El Carbayón». Tuvo que vencer su profunda timidez para presentarse un día ante el director de la publicación y ofrecerse para uno de los puestos de periodistas que estaban vacantes. Torrente veló aquí sus primeras armas como redactor, articulista y crítico de teatro, actividades que no abandonaría a lo largo de toda su vida. También fue en este periódico en el que publicó su primer cuento.



Un libro de la profesora Ana María Gómez-Elegido Centeno («Gonzalo Torrente Ballester y su escritura en los periódicos. De letras, de vida, de historias». Ed. Fragua) estudia el contenido de la obra periodística del escritor y su evolución intelectual e ideológica a través del análisis de una ingente producción de artículos, críticas, ensayos y otros géneros periodísticos de difícil clasificación.



Su primera colaboración no pudo ser más polémica: una crónica sobre un acto en la Universidad de Oviedo desató un agrio intercambio epistolar en «El Carbayón» con uno de los oradores con cuyo discurso el joven periodista se había manifestado en desacuerdo. El talante anárquico del principiante Torrente Ballester lo llevaba a escribir textos impulsivos propios del apasionamiento juvenil, como aquél en el que calificaba la Historia como una divertida teoría de payasos de todas las clases sociales, opinión ciertamente sorprendente en quien años después se licenció en Historia en la Universidad de Santiago y fue profesor de esta asignatura en diversos centros. Los artículos de esta primera etapa, de estilo costumbrista, con no pocas concesiones a la retórica y a la lírica, pulieron los primeros excesos del estilo del escritor.



Su vocación literaria se afianzó durante su primera estancia en Madrid, que inicia en 1930, en unos años en los que coincide en la capital con Valle-Inclán, Alberti y García Lorca, con quienes llegó a relacionarse. Escribió críticas de teatro para la publicación anarquista «La Tierra», que nunca llegó a pagarle sus colaboraciones, y aquí se inició también en la crítica de cine en unos años en los que nacía el sonoro, muy cuestionado por el joven Torrente, que lo calificaba de «teatro fotografiado», con todos los defectos del pobre teatro del que se nutre y ninguno de los valores del cine mudo («Sobre los talkies. Presente y futuro del cine hablado». 27-12-1930). Torrente Ballester tampoco abandonó la crítica de cine, espectáculo del que se confesaría espectador impenitente y hasta llegó a colaborar con el cineasta José Antonio Nieves Conde en los guiones de algunas películas («Surcos»).



Cuando estalla la Guerra Civil, Torrente Ballester estaba en París recogiendo materiales para su tesis doctoral de Historia. A pesar de sus ideas republicanas y nacionalistas (era militante del Partido Galleguista), a su regreso se afilia a la Falange y comienza desde la retaguardia una actividad frenética de colaboraciones en revistas («Semanario de Combate Nacional Sindicalista, Estilo») y periódicos del bando nacional como «Amanecer» de Zaragoza, «Arriba España» de Pamplona y, sobre todo, «El Pueblo Gallego», el diario de Vigo que los nacionales incautaron al político republicano Portela Valladares, en el que escribiera su amigo Johan Carballeira, el alcalde galleguista de Bueu fusilado por los nacionales en 1936. Sus colaboraciones para la revista «Jerarquía» le permitieron contactar con el grupo de intelectuales formado por Antonio Tovar, Pedro Laín, Dionisio Ridruejo y los poetas Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, con los que años más tarde iniciaría su desmarque del régimen franquista.



Durante la guerra, Torrente Ballester muestra en estos periódicos su entusiasmo con el ideario falangista de José Antonio Primo de Rivera, descalifica a los republicanos («esa mezcla aguada de marxismo, democracia y cristianismo liberal». «Dos notas. Sobre gobiernos legítimos». 18-8-1937) y critica la ideología liberal democrática por someter la suerte nacional a la opinión de los más («Prolegómenos a toda política futura». 26-1-1937). Lo hace en una prosa encendida de retórica falangista, en la que utiliza con frecuencia expresiones de la doctrina joseantoniana y de la revolución nacionalsindicalista: «la España imperial», la «unidad universal de destino», el «hombre portador de valores eternos»... Muestra, sin embargo, preocupación por la situación cultural y por la ausencia de intelectuales, y advierte que el apasionamiento político no debe impedir apreciar y valorar las obras de los creadores del bando contrario, muchos de ellos en el exilio («La labor de la España peregrina puede ser, hay que proclamarlo crudamente, muy apreciable. La nuestra, hasta ahora es casi nula». «Sobre nuestra América». 2-3-1938).



Terminada la Guerra Civil, Torrente Ballester rebaja la intensidad de su retórica guerracivilista en sus artículos para el diario madrileño «Pueblo» y acusa una mayor dedicación al campo de la cultura y de la crítica teatral en la revista «Tajo» y en «Escorial», comprometida ésta con la reestructuración cultural de la España de la posguerra y en la que firmaban los Laín, Tovar, Ridruejo...



En 1941 se convierte en el crítico oficial del diario madrileño «Arriba», en el que inicia una larga colaboración, hasta 1962, también como cronista, autor de necrológicas y artículos conmemorativos, reseñas de cine, de libros, de exposiciones de arte... así como una original sección de comentarios de fotografías muy similar a la que actualmente escribe Juan José Millás para «El País Semanal». Una gran parte de estos trabajos los escribe desde Galicia; primero desde Santiago y más tarde desde Ferrol, ciudades en las que ejercía su labor docente. Y es sobre diversos aspectos de su tierra (romerías, hogueras de San Juan, itinerarios, paisajes) sobre los que escribe con mayor frecuencia. En sus artículos sobre cultura y educación es donde Torrente Ballester va a manifestar sus primeras diferencias con el régimen (a propósito de «Hijos de la ira», de Dámaso Alonso, que le causó una profunda impresión, escribe: «Hay quienes encadenando la verdad pretenden que el artista refleje un mundo inexistente». «Epístola casi crítica sobre un libro de poemas». 19-5-1944), mientras toma conciencia de la situación de pobreza de los marineros y campesinos gallegos («La reconquista espiritual del campesino». 3-3-1942). En sus artículos sobre la sociedad española trata aspectos como la reforma de la educación y las costumbres, el periodismo, la religión y, sobre todo, la crítica al urbanismo que amenazaba con destruir la belleza paisajística del país, una de sus constantes preocupaciones («La más hermosa de sus riquezas está a punto de perderse a golpes de cemento, de mal ladrillo y de peores arquitectos». «Correo de Galicia. El paisaje y su riqueza». 223-3-1946).



En 1962 Torrente Ballester firma con varios intelectuales un escrito que critica la represión de las huelgas en Asturias. A causa de ello es destituido fulminantemente de su cargo como profesor de la Escuela de Guerra Naval y se suspenden sus colaboraciones en «Arriba» y Radio Nacional de España. Se prohíben la publicidad y las reseñas de «La Pascua triste», tercera parte de su trilogía «Los gozos y las sombras», publicada ese año, y de «Don Juan», publicada en 1963. Traslada temporalmente su labor de crítico de teatro a la revista «Triunfo», pero donde sus escritos van a tener una acogida más calurosa va a ser en aquel «Faro de Vigo» -hoy perteneciente al mismo grupo que LA NUEVA ESPAÑA- que en 1964 dirigía Manuel Cerezales. De 1964 a 1967 Torrente Ballester publica 243 artículos en «A modo», una sección desde la que se manifiesta crítico con el franquismo (hasta donde la censura lo permitía), con el que manifiesta una disidencia cada vez más firme. Mantiene desde este periódico una agria polémica sobre el concilio Vaticano II, poniéndose del lado de los progresistas contra los tradicionalistas católicos. Creyente confeso y practicante, Torrente Ballester defiende la separación Iglesia-Estado. Se manifiesta contra el bloqueo norteamericano a Cuba, denuncia la política imperialista de los Estados Unidos y la guerra del Vietnam y defiende abiertamente la obra de Unamuno, Ortega, Sartre, Alejandro Casona y Picasso. En 1966 se traslada a los Estados Unidos para ejercer como profesor en la Universidad de Albany.



A su regreso de los Estados Unidos inicia una copiosa colaboración en los suplementos culturales del diario vespertino «Informaciones» (1973-1979) y del matutino «ABC» (1981-1986). Mientras vive en Galicia titula su sección «Cuadernos de La Romana», nombre de su casa de La Ramallosa. Cuando se traslada a Salamanca, última etapa de su itinerario docente, cambia el título de su columna por el de «Torre del Aire». Para el suplemento cultural de «ABC» escribe semanalmente «Cotufas en el golfo». En todas ellas Torrente sigue escribiendo artículos en los que habla de «mi trabajo, de mi lectura, de la impresión que me causen las noticias y, acaso, de algún recuerdo impertinente» (18-10-73). Continúa con sus críticas de teatro y de cine, sus reseñas de libros (Neruda, Joyce, Carmen M. Gaite, Savater, Méndez Ferrín), obituarios (Lezama Lima, Malraux)... y sus críticas, cada vez más frecuentes, al régimen.

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