Retrato urbano con frescura e ironía

 03:01  
Marino Gómez-Santos.
Marino Gómez-Santos. 

Poniendo negro sobre blanco los muy vivos recuerdos de todo aquello que, prácticamente, ya no existe hoy, Marino Gómez-Santos retrata a una ciudad y a una parte de sus habitantes, con pinceladas frescas, no exentas de una fina ironía, muy propia del ovetensismo que nunca perdió.

Sin embargo, desde mi perspectiva, al menos, lo que constituye la parte de mayor interés de la obra es la dedicada a la génesis y al desarrollo de su primer libro, algo que el autor se había guardado para sus adentros durante toda una vida y que, ahora, tenía que relatar, tal como ocurrió. En esas páginas quedan patentes tanto los escasos pero importantes apoyos que tuvo como la incomprensión del reaccionarismo ovetense y los ataques, de verdadera «cruzada», que recibió en aquellos años, esbozados muy por encima en su «Memoria cruel». Un capítulo obligado que, por sí mismo, justifica toda la obra y que, más que cualquiera de las restantes páginas, acerca al lector a los perfiles reales de la ciudad y de algunos de quienes detentaban el poder en la sociedad ovetense de los cincuenta.

Porque, dominando al Oviedo de aquel entonces, estaba el poder político y religioso que había perseguido con saña la obra de Clarín y a sus mismos descendientes, uno de cuyos hijos, Leopoldo Alas, como él, catedrático y jurista intachable y honesto, había sido condenado en un vergonzoso consejo de guerra por los golpistas y fusilado en 1937. Y lo cierto es que aquella persecución se dirigió, incluso, contra la efigie del autor de «La Regenta», esculpida en mármol y erigida en el Campo San Francisco.

Marino Gómez-Santos recuerda esa historia de la infamia en su libro: «Toda su obra había sido retirada de las librerías, aunque en la de Cipriano Martínez, en la plazuela de Riego, todavía se encontraban ejemplares de la primera edición de "Pipá" y de los "Folletos literarios"». Y, según relata, «una edición argentina se vendía de tapadillo, en la librería Cervantes, y algunos viejos ovetenses conservaban la primera, de 1884-1885, ilustrada por Llimona, aunque no se la prestaban a nadie». Para él, «el fusilamiento de Leopoldo Alas, rector de la Universidad de Oviedo, y la degollación de la estatua de Clarín fueron actos oprobiosos que ensombrecieron por muchos años nuestra ciudad», y reitera que «el monumento a Clarín permaneció decapitado durante treinta años».

Efectivamente, el primer busto de Clarín esculpido por Manuel Álvarez Laviada, autor también del busto de Guillermo Schulz y del grupo dedicado a José Tartiere, había sido inaugurado el 3 de mayo de 1931 por el ministro de Fomento, el luarqués Álvaro de Albornoz. Pero ese busto no se mantuvo en pie más de cinco años. Tal como relató el historiador David Ruiz («Claves de la razón práctica», 2002, reproducido en LA NUEVA ESPAÑA en 2008), en 1936, algunos de quienes se sublevaron contra la República lo ultrajaron primero, colocándole unas orejas de burro, y lo dinamitaron después. Veinte años más tarde, en 1956, el entonces alcalde de Oviedo, Ignacio Alonso de Nora, encargó otro busto a Víctor Hevia, que había colaborado con Laviada en el grupo erigido al conde de Lugones. Pero, percibiendo la cerril oposición de una parte influyente de la sociedad ovetense, no se atrevió a colocarlo. Lo hizo, finalmente, en abril de 1968 el alcalde Manuel Álvarez-Buylla.

A pesar del cerco levantado en torno a todo lo que recordara a Clarín, Marino Gómez-Santos decidió meterse de lleno en la investigación de la obra de aquel gran escritor silenciado en los libros de texto que había estudiado en el Colegio San Isidoro, porque, cuando comenzó a conocerlo, le fascinó por completo : «La lectura de "La Regenta", de los "Cuentos morales" y, posteriormente, de la biografía de Clarín de Juan Antonio Cabezas marcó definitivamente la orientación de mi vida». Y cuenta que «llegué a memorizar textos de sus cuentos, también de "La Regenta" y de "Su único hijo", sobre todo los dramáticos finales con que Clarín anudaba sus pequeñas o grandes obras de arte». Todavía podría repetir de memoria las bellísimas páginas descritas por Cabezas sobre la agonía de Clarín y el diálogo del fraile dominico con el doctor Alfredo Martínez, en el jardín de la casita de la Fuente del Prado».

Sin embargo, bien pronto se encontró con que su labor de «alevín de investigador» no suscitaba otra cosa más que recelos, incomprensiones y rechazos. «Investigar en Oviedo sobre la vida y la obra de Clarín, en un tiempo en que todavía bullían las pasiones políticas, suponía una temeridad. No tenía yo experiencia para navegar a la capa o guardar reserva? Así que, de súbito, me encontré dentro de la negrura de un violento temporal». Y si salió adelante en su empeño fue tanto por su perseverancia y arrojo juvenil como por el apoyo que recibió de algunas personalidades a las que rinde tributo en las páginas de su «Oviedo perdido».

Entre sus valedores, el autor recuerda, entre otros, al doctor Álvarez-Buylla, el «Don Plácido», biografiado por Evaristo Arce (1973), que hizo gala de una resuelta apuesta por un inexperto investigador; al catedrático José María Cachero, sin duda uno de los grandes especialistas en la obra de Clarín, que le prestó su «incondicional ayuda» y puso a su alcance su nutrida biblioteca; al médico y asturianista Antonio García Oliveros, ilustrado bablista, que le facilitó su colección del «Madrid Cómico», la revista de Sinesio Delgado donde Leopoldo Alas publicó sus «Paliques»; al hijo del gran rector y miembro del admirable Grupo de Oviedo, don Fermín Canella, el coronel retirado Carlos Canella, «hombre de mucho carácter y reacciones jupiterinas», que «permanecía en cama, convenientemente organizado para trabajar en aquella situación con libros, cuadernos y lápices al alcance de la mano»; al periodista y escritor republicano Juan Antonio Cabezas, ex director de «El Carbayón» y ex redactor del diario socialista «Avance», que poco tiempo antes, en 1944, había abandonado la cárcel, en la que permaneció cuatro años, tras haberle sido conmutada la pena de muerte.

Al lado de ellos, dedica un emocionado recuerdo a la viuda del «infortunado rector Leopoldo Alas», doña María Cristina Rodríguez Velasco, que le proporcionó el manuscrito de la pieza dramática inédita de Clarín «La millonaria», y de la que el autor rememora que «tuvo problemas, que sufrió resignadamente, para educar a sus dos hijas, María Cristina y María Paz, al ser inhabilitada como maestra nacional, hasta que ya muy tarde pudo ejercer en una escuela del Fontán o quizá de la calle Quintana?». Y a una de sus hijas dedica el autor unas bellas líneas con la imagen que guardaba de aquellos años: «Cristina Alas, nieta de Clarín, era en los años cuarenta-cincuenta una joven de belleza sutil, rubia, con los ojos azules muy claros. En ella se daba una cierta semejanza con la hija de ficción que describe Clarín en su cuento "Cambio de luz", aquella que le hacía sentir la nostalgia de la visión, de la luz física del verbo solar?».

La andadura de aquel libro no fue fácil ni antes, ni en el curso de su impresión ni después de salir de las prensas. Antes, porque según denuncia Marino Gómez-Santos las galeradas de su obra parece que fueron ocultadas en los talleres de Gráficas Summa por el periodista y escritor bablista Constantino Cabal, director del «Boletín» del IDEA. Antes también, porque el prólogo prometido por Marañón fue retenido y mutilado por el rector de la Universidad, Sabino Álvarez Gendín, el mismo, sin embargo, que había pedido en el 37 el indulto para el rector Alas y que, en razón de su cargo, tenía la competencia de ejercer la censura sobre lo editado por el IDEA. Y así lo hizo, comunicando su veredicto mediante un oficio con la orden de suprimir o modificar las expresiones «estupenda e inmarcesible» referidas a «La Regenta» y de «ibérica suspicacia y de impetuosa ligereza» con que Marañón calificaba la actitud del obispo de Oviedo al censurar en una pastoral la novela de Leopoldo Alas. Y, finalmente, después de llegar la obra a las librerías, porque «en las madrigueras surgieron aquellos que se habían arrogado derechos y saberes para pontificar sobre la obra de Clarín y que actuaron de honderos desde la prensa local».

Así, haciendo caso omiso de la rectificación en toda regla que el obispo de Oviedo, Martínez Vigil, había terminado haciendo en torno a la obra de Clarín, tras su frontal oposición inicial cuando apareció «La Regenta», se publicaron dos editoriales, sobre todo, que marcaban el rechazo eclesial de la obra primera de Marino Gómez-Santos. Uno de ellos, en el mismo «Boletín» del Instituto de Estudios Asturianos, donde se insertó un alegato condenatorio escrito por el canónigo clavero de la catedral de Oviedo, don Martín Andreu Valdés, en el que, a propósito de «Su único hijo», se hablaba de «una constancia que puede llamarse demoniaca» y de que con la lectura de la mencionada obra «se siente el ánimo hundido en pleno fangal».

El segundo editorial anticlariniano en grado sumo apareció en «Región». En él se ponían «serios reparos a la posición doctrinal en cuanto a nuestra fe» de un escritor al que siquiera se nombraba y se vertían consideraciones del siguiente tenor: «Por mucho que se sutilice en sus escritos -y prescindiendo de la más venenosa de sus obras, en el aspecto religioso y moral-, no se encontrarán más que vagos indicios de una vaga religiosidad. Nosotros hacemos nuestras las palabras del Romano Pontífice, y si deseamos paz a los muertos, también deseamos que los vivos no sufran las consecuencias doctrinales y, por lo tanto, también morales de quienes pueden hacer daño, y lo hacen de hecho, después de muertos». Fue éste un artículo en el que, por más que su autor se ocultara en el anonimato que ampara su carácter editorial, se podía ver la larga mano de alguno de los clérigos que, con mucha frecuencia, publicaban sus escritos en el diario fundado por don Bernardo Aza.

Todo esto iba dirigido como una auténtica bofetada al rostro del joven investigador. Y así lo percibieron también aquellos que le habían expresado un decidido y claro apoyo. El clima resultó, realmente, asfixiante y así lo desvela el autor de «En busca del Oviedo perdido»: «Éstas y otras manifestaciones sobre el pensamiento de Clarín indicaban claramente la voluntad de establecer un cordón sanitario, que podría ser para mí un dogal. Desde la publicación del libro me sentía marcado por una hostilidad sorda, procedente de gentes sin importancia, pero que trabajaban como la carcoma. Una tarde que paseaba con don Plácido Álvarez-Buylla por el Campo San Francisco me dijo de modo resuelto: "Tú debes marcharte a Madrid; aquí no tienes nada que hacer más que perder el tiempo"». Y a pesar de que «este juicio tan radical» le produjo «una sorpresa paralizante», no lo pensó dos veces y cambió los aires del Naranco por los de la sierra del Guadarrama, por Madrid, donde, desde entonces, escribió y sacó a la luz más de medio centenar de obras. Un buen balance.

Marino Gómez-Santos podía haber hecho en estas páginas un verdadero «ajuste de cuentas» con el Oviedo que le rechazó por escribir sobre Clarín. Razones de peso le hubieran permitido hacerlo. Y no lo hace o, al menos, no lo hace con la profundidad que pudiera haberlo hecho. Mira hacia atrás sin ira. Pero no oculta algunos de los hechos y nombres principales, así como el reaccionarismo que se expresaba en una parte de la sociedad ovetense de aquellos años cuarenta y cincuenta, como reflejo del poder político de la dictadura y del nacionalcatolicismo que le proporcionaba su sostén ideológico en el nivel religioso.

  HEMEROTECA

Programación

CLUB PRENSA ASTURIANA
Consulta los próximos eventos

Síguenos también en . . .

Facebook LNE Twitter LNE
      CONÓZCANOS:   CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES      PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR   
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà | El Diari  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya