AGUSTÍN HEVIA BALLINA
ARCHIVERO DE LA CATEDRAL Y DIRECTOR DEL ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO
La orden franciscana, a la que pertenece el nuevo arzobispo, Jesús Sanz Montes, ha tenido amplia presencia en Asturias. Tineo fue un feudo del franciscanismo, al igual que Villaviciosa.
La zona occidental de Asturias encontró terreno prácticamente abonado para que el espíritu sencillo de los hijos de San Francisco arraigara en unos territorios donde los benedictinos habían encontrado profusa difusión. La orden monástica de los benedictinos se había implantado en las vecinas tierras de la comarca del Narcea, con la mayor fuerza en el cenobio de Corias, que, a su vez, se había proyectado sobre algunas zonas del concejo de Tineo, singularmente, sobre Obona y Bárcena de Monasterio.
La villa tinetense se convirtió desde muy temprano, sin embargo, en feudo del franciscanismo. No puede descartarse el influjo de la gran ruta peregrinacional del Camino de Santiago, ruta y camino que con probabilidad pudieron ser recorridos por el propio San Francisco o por alguna ramificación franciscana derivada de la villa de Avilés y en posible relación con Fray Pedro el Compadre. Asegura el padre Carvallo que por los últimos tiempos del Rey Alfonso XI ya se hallaba fundado, desde raigambres muy anteriores, el convento tinetense, con sepulturas y enterramientos de la primera mitad del siglo XIV, sin que sea posible marcar unas fechas iniciales para la implantación primera en la comarca.
Continúa el mismo padre Luis Alfonso de Carvallo en referencia a este convento de Tineo, dejando expresada su admiración por los hijos de San Francisco que allí fundaron y que hicieron objeto de su difusión entre las gentes tinetenses. Refiere el mentado padre Carvallo en sus «Antigüedades» las siguientes palabras de exaltación y loa hacia este convento de Tineo: «Fue este monasterio de grandísimo servicio a Nuestro Señor en aquellas tierras, por la doctrina y ejemplos de los religiosos que allí vivían, que algunas veces había en esta casa más de doce maestros y predicadores que, empleándose en este santo servicio, hacían admirable fruto».
En el arco de la iglesia refiere Gil González Dávila que «estaba pendiente, a manera de exvoto, el alfanje de aquel famoso corsario Saladin Barbarroja, quien lo tenía ceñido cuando lo mató el valeroso caballero Garci Fernández de la Plaza».
El influjo del Colegio y Convento de los Franciscanos de Tineo fue muy notable en toda la comarca, sobre todo, para la enseñanza de la Gramática y las Humanidades, que competían con la cátedra de la misma especialidad que promovían las monjas dominicas en la misma villa de Tineo.
Por el año 1796 consta que consiguieron los franciscanos protección oficial y refrendo para sus enseñanzas de Latín, Filosofía y Artes y Teología, convirtiendo la villa de Tineo, a través de su colegio, en un gran centro de irradiación humanística en aquellas comarcas del occidente asturiano.
Entre sus frailes destacó con mucho, por sus dotes de eximio predicador, Fray Juan Fernández Canal, natural de Avilés, adonde retornó una vez sufrida la exclaustración por el convento tinetense. Sus cualidades oratorias se habían extendido y cobrado merecida fama en numerosos púlpitos asturianos.
La influencia de la orden franciscana sobre todas las tierras de Tineo se trasluce del Libro de Profesos del Convento de San Francisco de Oviedo. Conocemos así a algunos tinetenses que profesaron en San Francisco de Oviedo a finales del siglo XVIII: Francisco Soto Jove, del propio Tineo; Fray Joaquín Valcárcel, de San Vicente de Naviego; Fray Nicolás Ron, de Navelgas; Fray Antonio Fuertes, de Tineo; Fray Fructuoso Rodríguez, de Villatresmil, constituyendo tenues muestras de una pléyade de hijos de San Francisco, cuyo espíritu se hiciera redivivo en tierras del occidente asturiano. Todos ellos fueron iniciados en las Humanidades del Colegio de Tineo y trasladados a Oviedo, para los estudios de Filosofía y Teología.
La presencia y el espíritu franciscanos se hicieron concreción por partida doble en la antigua Puebla de Maliayo o de Villaviciosa. Por un lado, se desarrolló con singular vigor el Colegio Seminario de Misioneros Apostólicos Franciscanos de San Juan de Capistrano, que cumplió una trayectoria de numerosos lustros dedicado a la preparación de misioneros para la Patagonia y las misiones australes de Chile y Argentina, de Perú y de México. De otra parte, el monasterio de la Purísima Concepción de Clarisas de Villaviciosa. Ambas realidades estuvieron en cercana conexión y puede decirse que las segundas surgen como una consecuencia fecunda del espíritu de los hijos de San Francisco hecho vivencia en aquellas tierras.
Fue fundado el Colegio Seminario de San Juan de Capistrano por el Padre Franciscano Fray Francisco Salmerón, a raíz de unas misiones celebradas en Villaviciosa y auspiciadas por el obispo de Oviedo, el franciscano don Fray Simón García Pedrejón (1682-1697), llegado a nuestra diócesis proveniente de la de Tuy, para la que había sido nombrado en 1674 y de cuya actividad ovetense destaca la expansión de la devoción a Santa Eulalia de Mérida, celestial patrona de la diócesis y del Principado de Asturias.
Una real cédula del Rey Carlos II, fechada en Madrid, autoriza el 18 de julio de 1692 la fundación del Colegio de Misioneros Franciscanos de Villaviciosa. Los fundadores, padre Fray Francisco de Salmerón, padre Fray Francisco de San José y el padre asturiano Fray Domingo de Castro, se instalan provisionalmente en el Hospital de Sancti Spiritus de Villaviciosa, próximo a la iglesia parroquial de la misma villa.
En 1694 el cura de San Juan de Amandi y arcipreste de Villaviciosa, don Cosme de Peón, bendecía la colocación de las primeras cimentaciones. El nuevo colegio recibió el título de Seminario de Misioneros y se dedicó a San Juan de Capistrano, quedando concluida su construcción en 1699, siendo obispo de Oviedo el dominico don Fray Tomás Reluz, quien abrió la casa con doce religiosos y entregó las llaves al síndico, don Alonso de Solares, con condición de que la casa fuera siempre para Instituto de Misiones y de que, de no ser así, el Ayuntamiento se reintegraría en sus derechos.
Los frailes franciscanos vivieron en Villaviciosa en el convento de San Juan de Capistrano hasta la exclaustración de 1835, y lo que recibían de la caridad popular lo devolvían en instrucción, que se concretaba en la cátedra de Filosofía y Teología para sus propios novicios y en primeras letras para los hijos de esta villa.
Contó el colegio-seminario con figuras eminentes de la orden, como el padre Fray José de Urruela, que fue uno de sus primeros guardianes. Con anterioridad había sido guardián iniciador de la vida de la comunidad en Villaviciosa el padre Fray Bernabé de Uceda, lector de Teología.
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Desempeñó un papel preeminente en la fundación el padre Fray Domingo de Castro, antiguo colegial de Alcalá y teólogo consumado, natural de Benia, en la parroquia de Santa Eulalia de Onís, bautizado en su pila el 26 de enero de 1655. También destacó en los arranques de la fundación el padre Fray Francisco de San José, quien fundó poco después el convento de la Purísima Concepción de Clarisas en la misma Villa, en el lugar conocido como «la casa de las beatas», siendo más tarde elevado a la sede de Málaga en 1704.
El Real Colegio-Seminario de San Juan de Capistrano, de los frailes franciscanos de Villaviciosa de Asturias, ejerció tan honda influencia en Villaviciosa hasta su exclaustración que logró imprimir en sus vivencias numerosos signos del espíritu franciscano, espíritu que aún se trasluce en numerosas manifestaciones entre los villaviciosinos, desde el siglo XVII, continuado hasta nuestros días de la mano de las Clarisas, que llevan adelante la continuidad del espíritu de San Francisco entre nosotros.
La venerable Orden Tercera de San Francisco ejerció una notable influencia en las prácticas de religiosidad vividas en la Villa. La devoción a la Virgen del Portal de Belén se ha convertido en signo y como bandera de las vivencias devocionales de todos los villaviciosinos. Su devoción fue promovida por el padre Guardián, Fray Francisco Álvarez de Labarejos, a partir del año 1724. Lector de Teología y predicador apostólico, llevado de su gran devoción a la Virgen, instaura la capilla de Nuestra Señora del Portal de Belén, devoción intensamente promovida por los franciscanos.
Las devociones a San Francisco, a San Antonio de Padua y a Santa Isabel de Hungría, terciaria franciscana, tuvieron especial arraigo en Villaviciosa merced al influjo del franciscanismo. La actuación cultural en los ámbitos más delicados del pensamiento en la formación de los niños y niñas de Villaviciosa será difícilmente comprensible sin acudir referencialmente a la presencia y al influjo de los Padres Franciscanos. De no haberse perdido muchas de las fuentes, podríamos trazar todavía un panorama más enriquecedor.
El Libro de Profesos de San Francisco de Oviedo, esencial en estos breves apuntes sobre franciscanismo en Asturias, nos ofrece una panorámica muy consoladora de las profesiones religiosas, que se gestaron en los ámbitos de nuestra comarca. Es grato enumerar los siguientes padres franciscanos, cuya vocación se gestó a la sombra de las misiones populares, a que con tanto ardor se dedicaron los hijos de San Francisco.
Encontramos los siguientes nombres de profesos de estas tierras: Fray Alonso Cuesta, de Villaviciosa; Fray Bernardo de Miranda y Fray Josef, su hermano, de Valdebárcena; Fray Juan y Fray Francisco García, de San Salvador de Fuentes; Fray Francisco Covián, de Villaviciosa; Fray Francisco Rivero, de Lugás; Fray Francisco Maojo, de Grases; Fray Juan Lozana, de San Justo; Fray Pedro Pidal, de Fuentes; Fray Josef del Rivero y Fray Francisco Rivero, de Amandi; Fray Josef del Rivero, de San Vicente de la Palma; Fray Jorge Manuel del Valle, de San Miguel del Mar, y Fray Salvador Lozano, de Puelles.
La presencia franciscana arraigó con bríos en la comarca de Villaviciosa, y su presencia, hecha vida en la actualidad, a través de las Clarisas, constituye garantía de pervivencia del franciscanismo en una tierra donde se asentó con la mayor profundidad dentro de una Asturias que vivió el espíritu franciscano en tanta intensidad. Auguramos al nuevo arzobispo franciscano de la archidiócesis ovetense, don Fray Jesús Sanz Montes, una tierra bien abonada para la siembra en parámetros que no sean muy distantes de los del Poverello d'Assisi.