Oviedo, Ignacio PULIDO
«Esto ya'l faía meu abuelo». Así suelen referirse los más ancianos de numerosos pueblos a las mascaradas de invierno, una serie de festejos desarrollados entre la Navidad y el Antroxu y que llegaron a contarse por decenas en el ámbito rural asturiano. A día de hoy tan sólo seis ejemplos perviven gracias al impulso de varias asociaciones que se han propuesto evitar su desaparición. Hace apenas unas semanas Gijón fue escenario de la presentación del libro «La máscara ibérica», un estudio realizado por el portugués Helder Ferreira y por el zamorano Bernardo Calvo con el que se pretende sentar las bases para la difusión y la conservación de estas tradiciones nacidas en la noche de los tiempos.
La falta de datos referentes a las mascaradas de invierno es muy notable con anterioridad a mediados del siglo XIX. A pesar de todo, se tiene constancia de que estas manifestaciones folclóricas fueron celebradas desde tiempos inmemoriales, conservándose testimonios escritos de algunos ejemplos ya desaparecidos, como es el caso de los «Aguilanderos» de Quirós y de Obona, los «Zamarrones» de Lena, los «Zaparrastros» de Aller, los «Bardancos» de Caso, la «Comparsa» de Cornellana o personajes como la «Destrozona» de Oviedo, varón vestido de mujer que golpeaba con una escoba a personas que encontraba a su paso.
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