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La maldición del fuego en Vil.lar de Cinfuegos

El pueblo ardió la noche del 9 de febrero de 1899, suceso que propició una leyenda que perdura más de un siglo después

 
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Vista lateral de la capilla de Vil.lar.
Vista lateral de la capilla de Vil.lar. roberto f. osorio
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Vil.lar de Cinfuegos (Quirós), Roberto F. OSORIO

El fuego purificador, una maldición y unas monjas se juntan en una leyenda asentada en el pueblo quirosano de Vil.lar de Cinfuegos.

Una noche de febrero, día 9 de 1899, Santa Apolonia, ardió el pueblo. Una noche que semejaba al día, pues las llamas iluminaban el valle. Casas, establos y pajares eran grandes teas de las que surgían llamas de grandes proporciones. Los vecinos lograron soltar el ganado y coger algo de ropa o el escaso dinero que tenían.

Pasaron al otro lado del río L.lindes desde donde pudieron contemplar entre lágrimas y sollozos cómo se perdía todo lo que poseían y que les había costado tanto conseguir. Tan sólo una casa, L'Andeta, se libro de las llamas destructoras. Estaba construida en 1892 y fue el cobijo de los vecinos mientras fueron arreglando las suyas.

Hace ciento once años cuarenta hogares, todos los hórreos y muchos animales quedaron consumidos por un incendio en tan sólo nueve minutos. Mucho aparece la cifra novena en esta historia.

Cuenta una vieja leyenda que unos problemas entre unas monjas y los vecinos llevaron a éstos a expulsarlas. No existe base documental que atestigüe la existencia de un convento en aquella zona, según la historiadora quirosana Belén González Collado. Las religiosas, alejadas de la virtud del perdón, echaron una maldición en la cual se habría de quemar tres veces el pueblo. Ya lleva dos. La primera no tuvo mucha importancia, pero la segunda hizo el lugar cenizas. La casa de L'Andeta, dice también la leyenda, no se quemó porque había dado cobijo a las monjas antes de abandonar la aldea. La razón parece ser otra. Era la construcción más moderna, contaba con mucha piedra y menos madera y, además, los dueños de dicho inmueble permanecieron en el desván para evitar que el fuego comenzara en la madera del tejado.

Dicen que el incendio lo provoco imprudentemente Pepón el del Corral. Este vecino estaba quemando rastrojos en las cercanías de La Muesa, zona de Cortes, en una finca. El viento llevó un ascua o «caricote» hasta las cercanías de Vil.lar. Cuentan también que la maldición de los vecinos de Vil.lar cayó sobre el presunto incendiario, que se cumplió cuando murió quemado en una casa de Piedracea (Lena), donde vivía, era muy anciano y no pudo escapar. ¿Realidad o ficción?

Después todo ocurrió muy rápido. En el mes de febrero, si no llueve, en el monte se encuentra mucho combustible propicio para grandes incendios. Hojas secas, ramas y helechos alfombran los bosques. Si hay varias semanas de buen tiempo que seque el terreno y además se junta con el viento una chispa o un pequeño incendio para quemar rastrojos pueden originar un fuego de condiciones catastróficas. Así debió ocurrir en este caso.

Las llamas sobrepasaron el lugar de Vil.lar y se dirigieron hacia Chanuces. La ermita de San Xuan, en un alto cerca del pueblo, ardió. Unos vecinos preparan sus bártulos para abandonar la localidad y otros con más fe sacan las imágenes de la iglesia en procesión e imploraron la ayuda divina, que vino con una lluvia salvadora. Durante varios años en Chanuces se celebró la fiesta del Milagro recordando esa lluvia salvadora.

En el pueblo de Cinfuegos, al otro lado del río, se quemaron también los cierres de las fincas en la zona de Los Pisones. Incluso llegaron a esconder mantas en una cascada del reguero para impedir que quemasen, sin lograrlo.

Los guajes de Vil.lar fueron llevados por sus padres a la cortina de tierras de labor del pueblo y fueron tapados con mantas. A los más ancianos los trasladaron en caballerías en cestos de grandes proporciones, que se usaban para recoger las espigas de escanda, hasta el pueblo de Santa Marina.

«La casa de Quirós», de Vicente G. García (1958), informa de la ayuda de los vecinos en la reconstrucción de las casas y cuadras y el aporte económico del Obispado y la emigración. La Asociación Patriótica Española en Buenos Aires envió 10.000 pesetas, además de otras 5.000 del Obispado. También hubo ayuda material en ropa y alimentos entregados al arcipreste de Quirós. Once sacos de harina, 18 arrobas de tocino, 117 copines de habas y 3 sacos de arroz ayudaron a reponer fuerzas después de esta gran desgracia material, pues no hubo daños personales. Contaban los viejos que hubo corrupción y picaresca con estas ayudas. Gentes de mal corazón y sin conciencia hicieron negocio con la desgracia ajena. Se hicieron pasar por vecinos afectados para pedir ayudas y limosnas por los pueblos de los concejos limítrofes. Así somos los humanos, lo vemos en multitud de ocasiones, nos aprovechamos de los infortunios ajenos.

Muchos de los desgraciados vecinos de Vil.lar se fueron a vivir a los pueblos cercanos de Las Chanas o Cinfuegos. Las casas de familiares o alguna que se encontraba vacía fueron el cobijo de estas gentes mientras arreglaban sus casas.

La labor de reconstrucción tuvo que ser ingente y dificultosa. El incendio había calcinado toda la madera en varios kilómetros a la redonda. La madera era esencial en la construcción en aquel tiempo junto con la piedra. Además, los cierres de las fincas, hechos en su mayor parte también de madera, no pudieron ser levantados de nuevo sino con un trabajo muy duro. Se reconstruyeron casas y cuadras, pero el pueblo se quedó sin hórreos. Los vecinos, con escasos ingresos, emplearon éstos en reconstruir casas y cuadras, pero no los hórreos. El pueblo lleva desde hace más de un siglo sin ninguna de estas construcciones de madera.

El pueblo es uno de los más modernos de Quirós, sus casas son todas del siglo XX. Hace unos años se acometieron unas obras de mejora en dicha localidad, recuperando además una antigua capilla que se encontraba en ruinas. Se habilitó un centro social en el bajo que alberga la escuela del pueblo. Una veintena de vecinos disfruta de la vida tranquila y sosegada en Vil.lar.

«La queima» forma parte de su historia, pero es pasado y no presente. Ahora, según la leyenda y la maldición, aún queda un tercer incendio que debe sufrir dicha localidad.

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