LUIS MARIO ARCE
«Morven» ha vuelto a pasar por Asturias, por la ría de Villaviciosa. Llegó aquí el 28 de marzo, de camino a su nido en las Highland escocesas (su nombre es el de una montaña del condado de Moray; A'Mhòr Bheinn, en gaélico). «Morven» es un águila pescadora, una hembra de 6 años de edad, identificada mediante una anilla que el científico Mick Canham le colocó en una pata cuando era un pollo y, desde hace un par de años, equipada también con un transmisor GPS que permite seguir sus movimientos con todo detalle. Gracias a esta tecnología se sabe que pasa el invierno en Mauritania y se conocen las distintas paradas que realiza en el trayecto. Ésta es la segunda vez que se detiene a reponer fuerzas en Villaviciosa; el año pasado permaneció una semana en el estuario, entre el 30 de marzo y el 7 de abril.
«MF», otra águila pescadora, de 13 años de edad, nació en el norte de Alemania, en el parque nacional Müritz. A diferencia de «Morven», ella no pasa por Asturias para invernar en África, sino que se queda aquí, en la ría del Nalón. Se la identificó el año pasado, cuando miembros del FAPAS pudieron leer la inscripción «MF» de la anilla de PVC verde que porta en su pata derecha y que la singulariza. Es probable que lleve invernando en dicho estuario desde 1996. Una de las cosas que las técnicas de identificación individual (marcas de colores con códigos alfanuméricos, GPS) han permitido conocer acerca de estas aves es que en su primer otoño eligen un lugar de invernada y regresan a él durante toda su vida. Las águilas pescadoras también son fieles a sus lugares de cría, que no suelen distar de los de nacimiento, aunque en ocasiones se alejan más de 200 kilómetros de ellos, según los estudios realizados en Alemania. «Morven» se ha establecido en Escocia, cerca de donde nació (la Highland Foundation for Wildlife de Roy Dennis registra minuciosamente sus movimientos), pero «MF» no ha vuelto a casa, a Alemania; se supone que se reproduce en otro país centroeuropeo donde, hasta ahora, ha pasado inadvertida.
«Ben», un macho adulto de edad y origen desconocidos, inverna en la ría de Villaviciosa al menos desde la temporada 2007-2008, cuando fue capturado por el FAPAS y marcado con una anilla de PVC amarillo con la inscripción 4A en la pata derecha. Desde entonces, «Ben» ha seguido acudiendo a Villaviciosa, donde fija su residencia entre septiembre u octubre y marzo.
Hay más nombres: «R03», «T03», «U06», «S01», todas ellas águilas pescadoras inglesas provistas de transmisores GPS que han sobrevolado Asturias (entrando desde el Golfo de Vizcaya por diversos puntos del litoral, entre la costa al oeste del Cabo Busto y la rasa al este de Ribadesella) rumbo a sus áreas de invernada (en Malí, Mauritania, el estuario del Tajo y Senegal, respectivamente), a las que se suman un ejemplar escocés equipado con GPS que sobrevoló los Picos de Europa, otro noruego que se detuvo en la ría de Villaviciosa, otro sueco detectado en su paso al norte del Cabo Peñas y diversas aves sin nombre y sin transmisores ni marcas (o con identificaciones que no pudieron ser leídas) que también han pasado por la región o se han afincado en ella durante la estación fría (y, en un caso, en verano). La frecuencia de citas de águila pescadora en Asturias ha crecido en los últimos años en paralelo al incremento poblacional de la especie en Europa (favorecido por proyectos de reintroducción y por la instalación de soportes artificiales para los nidos) y a la extensión de las técnicas de seguimiento (a los proyectos británicos se añaden otros, por ejemplo, en Suecia y en Finlandia).
Es, además, un ave llamativa y fácil de observar, de gran belleza y muy espectacular en sus lances de pesca. Estas cualidades la han convertido, en otros lugares, en una importante herramienta de educación ambiental y en un reclamo turístico de primer orden; a título ilustrativo, el nido de águila pescadora de Loch Garten, en las Highland escocesas, un espacio protegido desde 1957 por la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB), ha recibido más de millón y medio de visitas. La llegada de las águilas pescadoras, entre finales de marzo y primeros de abril, es uno de los acontecimientos de la primavera en dicha reserva. Más aún, a lo largo y ancho de las Highland la silueta del águila pescadora aparece por doquier en logos empresariales y como distintivo de numerosos lugares que se sienten orgullosos de la presencia de esta rapaz. El águila pescadora es un recurso valioso y valorado. Y posee otra virtud: su condición de especie bioindicadora, de baremo de la salud de los espacios que ocupa. Se trata, en fin, de una especie llave, capaz de suscitar simpatía y de concentrar esfuerzos y cuyo beneficio es, también, el de su ambiente y el de quienes lo comparten.