La Nueva España
Apuntes del natural

Numerosas aves comunes pierden población, sobre todo en los medios agrícolas

La alteración y deterioro de los hábitats es un problema de conservación generalizado

11.05.2010 | 10:03

Más de una quinta parte de las aves comunes, es decir, aquellas con buenas poblaciones y áreas de distribución amplia que, teóricamente, no presentan situaciones de riesgo, están disminuyendo, según revela el documento «Estado de conservación de las aves en España», presentado recientemente por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), el cual evalúa las tendencias poblacionales de 142 especies a partir de información actualizada de los últimos 12 años (hasta 2009). Dicho dossier también calibra el estado de 84 especies amenazadas, y no es bueno: se registran pocas bajas en la «lista roja»; mucho «enfermo crónico» que empeora, como el urogallo común cantábrico, y nuevos ingresos. En ambos grupos los problemas de las aves se resumen en uno: la alteración y el deterioro de los hábitats.

Es muy elocuente la tendencia negativa generalizada que se advierte en las poblaciones de aves vinculadas a los ambientes agrícolas del norte de España. La peor parte se la lleva la tarabilla norteña, pero tampoco les van bien las cosas a especies hasta ahora frecuentes en nuestros campos como la alondra común (su tendencia negativa comenzó a advertirse en Asturias ya en la década de 1990), el cistícola buitrón, la lavandera blanca y el jilguero (en aumento en los noventa), ni a otras aves menos extendidas, como la codorniz común (que pierde población desde la década pasada, sobre todo en el Oriente), la curruca rabilarga, el gorrión molinero, el escribano cerillo y el triguero (con una situación regional difícil de evaluar por sus oscilaciones interanuales). La cogujada común, localizada en los tres concejos más occidentales de la rasa costera, así como en Boal, en Villayón y en Allande, también muestra una evolución demográfica negativa, que en el caso de los municipios interiores se remonta a la década de 1970.

El estudio de la SEO concluye que los medios agrícolas «están viéndose sometidos a una mayor pérdida de biodiversidad que otros ambientes», con un declive «cada año más acusado» (-0,6% hasta 2006 y de -1,1% en los tres años siguientes), aunque la situación es más grave en los sistemas agrícolas de secano (llanuras cerealistas) que en los campos húmedos del Norte.

La otra cara de la moneda corresponde a los ambientes forestales. Aquí las poblaciones de aves experimentan una mejoría o permanecen estables. Pero hay excepciones notorias: se detecta un descenso fuerte del mosquitero común y declives moderados en el alcotán europeo, el pito real (que pudo sufrir un descenso fuerte en Asturias en la década de 1980, aunque faltan datos precisos y evaluaciones posteriores), la curruca zarcera (en disminución en Asturias al menos desde 1982) y el camachuelo común.

La problemática de las poblaciones reproductoras de aves acuáticas apenas tiene eco en Asturias; sólo la del escribano palustre, desaparecido de la ría de Villaviciosa desde 1991 y en situación incierta en la ría del Nalón, donde se detectaron parejas reproductoras más recientemente, pero no se localizó ninguna en el censo nacional del año 2005.

Sí nos atañen las dificultades de las aves marinas, concretamente las de dos especies: el cormorán moñudo, residente y reproductor, y la pardela balear, endémica del archipiélago que le da nombre y cuya exigua población (2.000 parejas) acude masivamente al golfo de Vizcaya para alimentarse, sobre todo al final del período de crianza. El cormorán moñudo superó una situación delicada a finales de los años setenta (sólo 50 parejas en 1980), experimentó una recuperación muy satisfactoria hasta finales de los noventa (195-247 parejas en 1997), posteriormente se estabilizó (222-242 nidos en 2005) y, en los últimos años, ha comenzado a mostrar un declive preocupante, debido a la mortalidad accidental en artes de pesca (que también afecta a la pardela balear), a la sobreexplotación de varias especies de peces de las cuales se alimenta y, recientemente, a la invasión de algunas colonias occidentales por ejemplares asilvestrados de visón americano.

La SEO llama la atención sobre el hecho de que las aves marinas «están cada vez más amenazadas, a un ritmo más rápido que otros grupos de aves, como consecuencia de la creciente intensidad y diversidad de las amenazas a las que se enfrentan, tanto en tierra como en el mar».

Por último, las aves urbanas muestran una situación general positiva, exceptuado el gorrión común. Más aún, varias especies han aumentado significativamente en los últimos años en este ambiente, en particular la tórtola turca, en pueblos y en periferias urbanas, pero también la paloma torcaz y la urraca, en los parques y jardines.

El gorrión común, el ave más abundante de España (150 millones de ejemplares), pierde población a marchas forzadas: un millón de individuos al año, según estimaciones de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife). Es una tendencia alarmante y común a otros países europeos (Inglaterra, Chequia), que también se percibe a escala local, en Asturias. Aquí no hay datos, pero la tendencia es patente desde hace tres décadas, probablemente relacionada con el despoblamiento rural y con el cambio de prácticas agrícolas (las poblaciones urbanas parecen estables).

El gorrión es un paradigma de cómo una especie común puede dejar de serlo e, incluso, pasar a una situación de amenaza de forma sorda. Las aves corrientes quedan fuera de los focos. Ahora comenzamos a percibir la necesidad de prestarles atención, por sí mismas y por los problemas que identifican.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine