La Nueva España

Santiago de Peñalba, otra joya del arte asturiano

La iglesia leonesa presenta elementos claramente prerrománicos pese a su adscripción al estilo mozárabe

11.05.2010 | 10:03

Como contribución al recordatorio de los 1.100 años de la muerte de Alfonso III podemos añadir un testigo construido más a la obra del monarca: la iglesia de Santiago de Peñalba, en tierras de León presenta elementos que permiten encuadrarla en el arte asturiano. El congreso sobre este acontecimiento y la partición del antiguo reino que organiza la Universidad de Oviedo, así como la conferencia de esta tarde sobre Alfonso II en la Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA constituyen ocasiones propicias para exponer este estudio.


La iglesia Santiago de Peñalba, en el valle del Silencio próxima a Ponferrada, adscrita tradicionalmente a la arquitectura mozárabe, aparecía ante nuestros ojos unificada bajo un manto blanco, encalada en su interior, pero tras el descubrimiento de sus frescos tantos años escondidos ofrece ahora una clara lectura en dos fases constructivas, proponiendo en este texto que en origen sea adscrita al prerrománico asturiano (Alfonso III) y después, si continuamos con la denominación de Gómez-Moreno, mozárabe.


En cuanto a las dos fases constructivas de la obra de Peñalba (sin encuadrarla en nuestro prerrománico que es lo que pretendemos aquí) existe abundante bibliografía que la plantea (ya en 1884 Giner de los Ríos dice que en s XII fue objeto de una restauración, Lampérez y Romea habla de que Salomón edifico de nuevo?)


Aparecen también apuntes referidos a elementos concretos asturianos pero no encontramos una alusión global al edificio prerrománico luego transformado.


Nuestros ojos disfrutan y recalan en los numerosos elementos mozárabes que decoran la iglesia de Peñalba, sin embargo si la abordamos en una lectura volumétrica y compositiva que escape de esta singular formalización final observamos una concepción subyacente asturiana correspondiente a esa primera fase. Dentro de la variedad de la arquitectura asturiana se pueden fijar una serie de criterios que conforman una cierta unidad bajo la monarquía asturiana. Monarquía que por otro lado tenía bajo sus dominios en el momento de su construcción la Iglesia de Santiago de Peñalba. Añadir además las estrechas relaciones existentes entre San Genadio, obispo promotor, y el propio Alfonso III. San Genadio acompaña al monarca incluso en su lecho de muerte.


En fin nos proponemos demostrar que en Peñalba hay dos iglesias en una, siendo la primera asturiana.


La presencia artística asturiana cuenta con varios elementos indiscutibles:


l Los contrafuertes.


La utilización de contrafuertes que Lampérez y Romea considera excepción en lo mozárabe están motivadas por el contrarresto de empujes y son frecuentes en el prerrománico asturiano. Su utilización en Peñalba es similar a la que vemos en Santa Cristina incluso en las pequeñas sacristías laterales aunque en Peñalba no aparecen en los testeros de estas. En los dibujos de Gómez-Moreno en la sacristía Norte no se representa el contrafuerte Este, estando allí sin embargo. A pesar de los cambios de altura actuales en la sección los contrafuertes exteriores de la nave mantienen la misma altura.


l La cámara ciega.


Aparece en estos momentos una cámara ciega sobre la capilla de San Genadio, orientación Oeste lo cual desconcierta ya que las cámaras supraabsidiales se colocaban sobre el ábside a Levante (salvo hipótesis Vicente José González para Lillo). No existe además una continuidad en el muro que viene de abajo produciéndose un rehundido del plano de fachada y un cambio en la mampostería, aunque en las esquinas parece ser la misma. Aparecen unos elementos a modo de vierteaguas salientes en el testero coincidiendo con este salto lo cual puede indicar la existencia anterior de una ventana, como se produce en el prerrománico asturiano, o bien un resto del apoyo de la cubierta que, como actualmente en los otros dos volúmenes (sacristías y ábside), fuera horizontal en sus tres lados y se incrementará, por ejemplo, al realizar la espadaña para evitar la afluencia de aguas contra aquella. Apuntar que Gómez-Moreno en su perspectiva desde abajo detiene el dibujo en el escalón donde aparecería esta cámara (también él duda).


l Impostas corridas.


La utilización de impostas corridas en el interior es frecuente en el prerrománico y marca un elemento de composición que suele recorrer el interior de la nave, sin embargo aquí en el tramo elevado desaparece. Nos llama más la atención y con ello creemos introducir un dato nuevo en el estudio de esta Iglesia la existencia dentro del paramento en generar pizarroso de la iglesia, de una hilada de caliza dorada que a modo de durmiente recorre los dos muros exteriores de la Iglesia sobre el nivel marcado por los contrafuertes exteriores, esta hilada desde un punto de vista constructivo tendría sentido en el primer tramo que corresponde a la bóveda de medio cañón pero no tanto en su siguiente tramo ya que si la propuesta inicial hubiera sido la de crear esta elevación volumétrica esta hilada no tendría sentido a partir del primer tramo sino que el muro, previsto con mayor altura seguiría hasta una nueva hilada similar en la parte más alta.


l Sacristías laterales.


Benjamín Martínez nos dice que «La existencia de sacristías laterales, aunque fue común desde los tiempos godos, y posteriormente en las iglesias de estilo asturiano, dentro del estilo mozárabe leonés, este caso de Peñalba es único, que sepamos». Y Adelino Álvarez coeditor de la reedición de Benjamín Martínez, nos apunta que «Como dato curioso, hay que señalar que en el detallado plano que de la iglesia da el Padre Flórez en el siglo XVIII -el primero que se conoce- falta la sacristía septentrional». Añadiremos nosotros que en los similares de San Salvador de Valdediós tampoco salía de cimentación la sacristía norte y que este fue reconstruido después por Menéndez Pidal (Tampoco en Santo Adriano). En Santa Cristina de Lena aparecen pero en situación central respecto al espacio de la nave que nosotros pretendemos muy similar de proporción a lo que fue en inicio Santiago de Peñalba. También en San Pedro de Nora. (ver Gema Adán et altri). De todos modos los recientes estudios arqueológicos confirman una cimentación profunda y al mismo tiempo de toda la iglesia de Peñalba y son una prueba más de la filiación prerrománica.


l Bóveda de cañón.


La bóveda de Cañón subsiste en muchos edificios como tradición romana, sin embargo las pinturas recientemente desveladas nos unen directamente a la arquitectura asturiana en la que tratamos. Bóvedas similares tenemos en Santa María del Naranco y, si existió originariamente, en Santa Cristina de Lena (la actual fue propuesta por Velásquez Bosco) pero en ambos casos de menor luz, por tanto esta sería un intento de mayor alarde estructural (comparémosla con la concepción fragmentada de Valdediós). Para una Iglesia de las dimensiones de esta sería extraño no aprovechar el encofrado de la primera bóveda en una segunda sobre el segundo tramo, que como vemos en planta tiene la misma dimensión que la primera. Tampoco sería lógico que el alarde y la riqueza pictórica se quedara en el primer tramo, dejando una solución más sencilla para el tramo ante el ábside. Puede ser y de ahí la ruina y lo reedificado, que la siguiente, la del segundo cuadrado en planta en la nave, que seguiría esa hilada de piedra caliza que se ve en los muros, se desplomase y que en la reedificación ya de manos no asturianas sino mozárabes se realizase esa nueva cúpula gallonada y se cegase para dar continuidad al espacio sobreelevado y recibir las cargas de la nueva cúpula más verticales, continuando el arco fajón central que habría ,siendo por ello las pinturas de manos distintas, porque son de tiempos distintos.


l Las pinturas.


Las pinturas de la bóveda del primer tramo han de ser absolutamente adscritas al prerrománico asturiano, comparables a las de Valdediós y partes de Santullano, sin que nos quepa duda. De las mismas manos que aquellas. Zoe Escudero, Joaquín García y Alfonso León, técnicos de patrimonio estudiosos de las mismas hablan de pinturas que siguen la estela de la tradición pictórica del Reino de Asturias. Yo diría que no siguen sino que son pinturas asturianas. Es evidente asimismo que los paños que imitan ladrillos no corresponden al mismo plano representativo. El aniconismo de las representaciones de base geométrica que se observa en la bóveda de cañón está reñido con el trompe d'oeil que supone la representación realista de una obra de ladrillo y corresponde por tanto a diferentes momentos. Por otro lado en Santa Cristina de Lena Lorenzo Arias se refiere a pintura bermellón en zócalos exteriores que nosotros relacionamos también con las encontradas en Peñalba exteriormente del mismo color.


l La ventana bífora


La ventana bífora y relieve de la cruz asturiana con alfa y omega hace pocos años robada de la vecina capilla de Montes, (adónde había sido trasladada en 1723 según Benjamín Martínez quién adscribe estos restos, no a Peñalba sino a la capilla de la Santa Cruz, por la inscripción que lleva: AECLESIAE SANCTAE CRUCIS, con lo cual sería «De la iglesia de la Santa Cruz» aunque dice que podría ser: ECCE SIGNUM SANCTAE CRUCIS (He aquí el signo de la Santa Cruz). (La fecha de traslado 1723 podría relacionarse con la creación de la espadaña en Peñalba).


Analizado lo escrito anteriormente no queda duda de los dos momentos constructivos de Peñalba. Cabe la posibilidad de que existiese una bóveda de cañón continua en los dos tramos de nave dando un perfil más homogéneo del tipo de Santa Cristina de Lena, y podría ser qué por ruina del tramo más próximo al ábside, la iglesia hubo de ser reedificada, siendo en ese momento la corriente mozárabe la seguida por los nuevos artífices, apoyaría esta hipótesis la hilada dorada del muro exterior (no conocemos escritos que se refieran a ella) y los distintos momentos pictóricos que nos delimitan perfectamente las dos fases. Sería una ruina y no una reedificación por causa de lo inacabado de la obra y su prosecución más tardía, ya que difícilmente se abordaría el preciosismo pictórico asturiano antes de rematar el espacio interior completo. Por otro lado, como indicamos, lo semejante de los dos tramos de la nave invitaría a aprovechar las cimbras del primero.


¿Por qué se habría de producir la ruina? Como comentamos antes, esta bóveda de cañón asturiana supondría la más generosa en medidas de las realizadas hasta entonces superando a Santa María del Naranco (y a Lena si la hubo), y superando en mucho a la muy dividida y más coetánea planta de Valdediós, es decir, a pesar de las maravillas del mundo romano, en este tiempo y este pequeño reino estaban haciendo un alarde. ¿Por qué cedió solo uno de los dos tramos? sabemos que la Iglesia sufrió siempre importantes escorrentías de la montaña que venían contra un ábside que junto con las sacristías laterales formaba un buen freno, y por tanto una buena absorción de agua, en la parte Este. Las cimentaciones, como indican los recientes estudios arqueológicos son profundas, y suponemos sobre roca, pero la acción del agua sobre el paramento puede ser fatídica al generar movimientos del paramento que la bóveda no pudo soportar. Por otro lado a pesar del positivo contrarresto que suponen las sacristías este apoyo se acaba muy por debajo del nivel que alcanzan los contrafuertes en el primer tramo y en el final del paño hacia el Este no hay, no existen contrafuertes (comprometerían compositivamente el espacio de las sacristías) con lo cual el esfuerzo horizontal que provoca la bóveda no se contrarresta hasta muy por debajo. Digamos que el primer tramo tiene una situación bastante equilibrada respecto a los contrafuertes y el segundo (el derruido según esta hipótesis) más desequilibrado. Ahora bien, la no existencia de contrafuertes también podría probar la no existencia de la bóveda de cañón.


Quiero agradecer para finalizar este estudio realizado en el 2008, la colaboración del profesor Dr. José Manuel Prieto de la Universidad de Monterrey en Méjico, su ayuda en la fundamentación de esta primera intuición que les he expuesto.

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