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La «embajadora» de Taramundi en Japón

Keiko Shimizu traslada a su país natal el arte de fabricar las típicas navajas del concejo asturiano

 
Keiko Shimizu, en Taramundi.
Keiko Shimizu, en Taramundi. j. a. quintana

Taramundi, Jorge JARDÓN


Puede decirse que Keiko Shimizu es algo así como le representante de la artesanía de Taramundi en Japón. Desde hace un tiempo acude un par de meses al año a Taramundi para aprender el arte de las navajas. En el taller de Juan Carlos Quintana aprende lo necesario para fabricar navajas taramundesas en Japón. Keiko hace en la provincia japonesa de Chiba piezas artísticas de hierro, pero en un viaje a España con una amiga para conocer el Norte y poder visitar las pinturas de las cuevas prehistóricas comprendió que para ello necesitaba aprender el español, y de vuelta a Japón se matriculó en una escuela de idiomas para estudiar el español durante tres meses, pero estudiando demasiado.

Después completó esos estudios, perfeccionándolos en la Universidad de Valladolid. Así que en un siguiente viaje a España encontró un folleto de la «España Verde», encontrando una referencia a Taramundi, como un lugar que mantenía la cultura tradicional y la artesanía. Así que se dirigió a Barajas a recoger a su hermano y se marcharon juntos en un coche a Taramundi. Allí contactaron con Juan Carlos Quintana, que regentaba un pequeño taller de cuchillos y navajas. Keiko aún recuerda el impacto que le produjo el tamaño del fuelle y el sonido tan acompasado que producía la forja. Cómo sería que ante las dificultades para encontrar una pieza semejante, tomó las medidas y consiguió que le hicieran un fuelle idéntico en Japón que le permita mantener la tradición artesanal taramundesa. Incluso Keiko muestra una revista en japonés en la que se recogen muchos artículos de su última exposición en la que se incluyen navajas «made in Taramundi» elaboradas por ella en su taller de Japón y que, según cuenta, llamaron la atención de los coleccionistas al no haber encontrado nunca unas navajas tan simples y a la vez tan perfectas.

También ha participado en encuentros en Fonsagrada con artesanos astur-galaicos e incluso ha confeccionado en hierro un mamut copiado en la cueva del Pindal que figura colocado a la entrada del Museo de Sargadelos.


Tanto le apasiona Taramundi y su entorno que está buscando fotos poéticas, que produzcan estímulos y sensaciones del campo, de los ferreiros, de los animales, de los hórreos o de los hornos de pan que recojan la realidad del medio rural asturiano. La idea última es hacer un libro infantil dirigido a los niños o a los adultos con corazón de niño. También en Japón piensa montar una exposición que podría denominarse «un pueblecito de ferreiros célticos», inspirada toda ella en recuerdos de Taramundi y en el que no sólo estén presentes las navajas, sino también asturcones, ovejas, hórreos, etcétera, elaborados con hierro forjado.


Keiko piensa ampliar sus estancias en Taramundi y distribuir el mes o los dos meses de cada año que pasa en Taramundi con estancias durante las cuatro estaciones del año, para poder de esta manera disfrutar de la diversidad del paisaje y de las costumbres taramundesas a lo largo de todo el año. Para poder venir tantas veces a Taramundi explica que tiene que trabajar mucho, pero que le es posible en parte porque vive con sus padres.

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