El sindicalista que se pasó al verde

Herminio Méndez, secretario de CC OO del Occidente, se convierte en guardia civil en la serie de TVE «La señora»

29.05.2008 | 00:00
Rodolfo Sancho y el sindicalista de CC OO, en un descanso del rodaje.
Rodolfo Sancho y el sindicalista de CC OO, en un descanso del rodaje.

De sindicalista a guardia civil. Esta extraña mutación la sufrió en sus carnes Herminio Méndez, secretario comarcal de CC OO del Occidente. La culpable, la serie de TVE «La señora», en la que Herminio Méndez aparece hoy dando vida a un agente de la Benemérita reprimiendo una revuelta minera. El «Goya» espera.

Navia, Sergio PÉREZ

De representante sindical a opresor de los trabajadores. Está claro que lo que la realidad no puede el cine lo consigue. Quién le iba a decir a Herminio Méndez, secretario comarcal de CC OO del Occidente, que alguna vez en su vida iba a cambiar la funda de trabajo por el tricornio. La excusa tiene por nombre «La señora», la serie que TVE emite todas las tardes por su primer canal y en la que se recrea la vida española de los años veinte del pasado siglo en un lugar imaginario del norte del país a través de la vida de la familia Márquez, protagonista de la serie y propietaria de una de las minas más importantes de la zona. En el capítulo de hoy, Herminio disfrutará de los tres famosos segundos de gloria que decía Andy Warhol. De Navia a Hollywood soló hay un paso.


La secuencia fue grabada el pasado día 8 en el pozo Carrio, en Barredos. No fue algo buscado, pero está claro que el que vale, vale. «Fui a un casting el pasado 2 de mayo acompañando a mi hijo, que es muy aficionado a estas cosas, y en vez de cogerle a él me cogieron a mí. El día 6 fue la prueba de vestuario y grabamos dos días después», recuerda. Lo que ya no se esperaba es el papel que le otorgaron. Ni más ni menos que guardia civil. «La experiencia fue muy buena, pero lo de ser guardia, no tanto», comenta entre risas. La acción se desarrolla en las inmediaciones de la mina. Allí, uno de los mineros sufre un accidente que da paso a la revuelta del resto, que decide parar de trabajar. Entonces el marqués, que es el dueño de la mina, contrata a mineros esquiroles que llegan acompañados de la Guardia Civil con el fin de que la producción no se pare. «Entonces mi superior me ordena que dispare contra el que encabeza la revuelta, que era miembro del Partido Comunista. Y seguramente en la realidad ese actor no será miembro del partido y yo sí lo soy», señala Herminio, quien recuerda también cómo «querían darme un papel de esquirol, pero por ahí sí que no paso», asegura irónico.


Pero esta buena experiencia también le hizo vivir sensaciones encontradas. Recuerda cómo a su abuelo, años más tarde, le mataron en las mismas circunstancias, con 33 años. «Pienso que si levantara ahora la cabeza y me viera con esas pintas volvería a morirse el buen hombre», señala Herminio Méndez.


Alrededor de nueve horas de rodaje que le sirvieron para conocer un poco a los nuevos valores del cine español como Rodolfo Sancho y Adriana Ugarte. Destaca el buen trato de todos los actores del reparto con los cerca de noventa extras que ese día se dieron cita en el rodaje. Una jornada en que pudo saber algo más de los entresijos de la televisión. Entre las anécdotas destaca una. «La escena se desarrolla en un puente y tanto los mineros como la Guardia Civil entrábamos por el mismo lado, así que hubo que grabar la secuencia en varias tomas. Además, cada poco teníamos que parar porque entraban las vagonetas a la mina», asegura.


Pico y pala o pistola. Herminio Méndez no tiene dudas. Miembro del comité central del Partido Comunista, del consejo político de Izquierda Unida y secretario comarcal de CC OO, tiene muy claro de qué lado está y si no un ejemplo. «No sé qué pasa con el tricornio, que nada más ponerlo te entra un no sé qué muy raro. Fíjate que nada más subir al autobús que nos llevó al sitio de rodaje le pedí al conductor el disco del tacógrafo», explica entre risas. Actor por unas horas, sólo queda ver el resultado. Un «Goya» o incluso un «Oscar» puede que le estén esperando, pero eso sí, «de guardia civil, otra vez, no».

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