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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Puerto de Vega (Navia),
Ana M. SERRANO
La vida del portoveguense Moisés Gión es, en realidad, muchas vidas. Casi tantas como los 93 años que cumplirá el próximo 16 de agosto. Pero todas ellas regresan, como un círculo, al mismo punto: Puerto de Vega, la localidad que le vio nacer y que el pasado domingo le homenajeó con el aplauso y el reconocimiento de sus vecinos. Las vidas de Moisés Gión le llevaron a combatir en los dos bandos durante la Guerra Civil, a vivir doblemente la emigración -a América y a Europa-, a recorrer medio mundo, y a enamorarse de la mujer por la que aún hoy se desvive: Felicitas Pérez. Sin embargo, con tanta historia a sus espaldas, dos hijos, cuatro nietos y tres biznietos, Moisés Gión no pudo evitar temblar cuando el domingo miró al abarrotado salón del Club de Pensionistas y Jubilados Nuestra Señora de La Atalaya. «Gracias a todos», dijo emocionado.
Infatigable, tanto que sus familiares deben recordarle cada día que ya no es un chaval, Moisés Gión tuvo que trabajar duro para salir adelante. No nació con un pan debajo del brazo, pese a que sus padres eran panaderos. Siendo adolescente conoció a Felicitas Pérez, de la que jamás se separó salvo para surcar el Atlántico e instalarse en Venezuela, donde durante años trató de forjarse un futuro mejor que el que le ofrecía la España de posguerra. Nunca tuvo miedo en embarcarse, visitó Nueva York y aún hoy recuerda cuando desde la azotea del Empire State vió cómo se levantaban los cimientos de las monumentales Torres Gemelas. Las mismas que vio caer asombrado ante el televisor años después.
Moisés Gión también probó la fortuna en Suiza, a donde viajó con su mujer y su hija Elisa Gión para residir allí 15 años. De allí, él y Felicitas Pérez regresaron ya a Puerto de Vega para quedarse. El tesón y la vitalidad han logrado que Moisés Gión aún conduzca y que, dice, si le dejaran, se iría de viaje a Madrid de una tirada. Pero el domingo todo él era un manojo de nervios. «Estoy muy emocionado. Mejor es imposible estar. El pueblo es el pueblo», dijo antes del homenaje.
Los 403 socios del Club de Pensionistas reconocían, un año más, a los mayores del pueblo. Una placa del club y un pin del escudo naviego -entregado por el alcalde, el socialista Ignacio García Palacios- sellaron el homenaje. Después, el coro Las Almenas cerró con música el acto. Y Moisés Gión miró el reloj y volvió a casa apurando el paso, para contarle a su mujer, como siempre, hasta el último detalle.
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