Ouria (Taramundi),
Jorge JARDÓN
A pesar de que el último temporal de viento arrasó entre cinco y seis hectáreas que están empezando a ser reconstruidas, el taramundés Arturo Menéndez Cernuda sigue entusiasmado con su tarea de asesorar a los propietarios del monte en su mantenimiento y mejora de los árboles malos. A sus 78 años asegura sentirse feliz recorriendo los altos y contemplando el tamaño de los pinos, que son la riqueza potencial de la sierra, aunque también hay plantados gran cantidad de eucaliptos. Se trata del monte Llendepacios, el de mayor extensión de la zona, que cuenta con 277 hectáreas y tres pistas privadas de acceso desde la carreterra para la entrada y salida de vehículos.
Para Arturo resulta fundamental la apuesta de la empresa por el monte al asumir gastos de repoblación y de su reorganización, contando para ello con 50 kilómetros de pistas hasta la cima, todas ellas conectadas entre sí, de modo que sólo una persona como Arturo acierta a circular por ellas sin error. Ha habido que asumir otros gastos, como la limpieza de monte, encontrándose todo él limpio de malezas y sometido a un mantenimiento continuo. Como nota curiosa destacar que tiene disponibles tres depósitos de agua de 50.000 litros cada uno para una emergencia que pudiera surgir.
Arturo lleva en los bosques desde niño, habiéndose jubilado como guarda forestal mayor, por lo que no debe de sorprender su amor y su entusiasmo por el monte, conociendo como nadie sus secretos. Él dice ocupar un cargo de confinza al ser una persona valorada por Luisa Cancio, antigua propietaria del monte, que luego se lo vendió a una empresa de Mondoñedo que cortó la madera entre los años 1975 y 1982, hasta que esos terrenos fueron adquiridos por su actual propietario, «Forestaxa», un grupo inmobiliario de Vigo que no ha hecho ninguna corta, salvo la madera tirada por el viento. Una madera que en circunstancias normales podría venderse a 7,50 euros el kilo, ya que se trata de árboles de 27 años, pero con la crisis «si se sacan ahora a 3 estaríamos muy contentos», explica Arturo.
Señala este enamorado de la naturaleza que en un principio el grupo comprador tenía pensado instalar una gran industria de biomasa, pero que el proyecto quedó aparcado al surgir la idea de algo parecido en Navia y en san Tirso de Abres. Es una idea que aún no está descartada.