JORGE JARDÓN
El santuario de Pastur ha resucitado de sus cenizas y vuelve a recuperar un protagonismo que nunca llegó a perder completamente. La del jueves fue una jornada de contento, tanto de los creyentes como de los no creyentes, quienes al menos han comprobado cómo un santuario con muchos años de historia vuelve a ser un referente despertador de la piedad de una amplia zona entre Vegadeo y Allande. Situado en un paisaje prodigioso al pie del monte conocido como «Carballeira Alta del Río de las Moscas», Pastur es un remanso de peregrinación. Lo que sí se acabó fue la costumbre de llevar como ofrendas mantequilla, miel, embutidos y lo que viniera a mano, y a pesar de eso los fieles no colmaban la codicia del cura. Incluso decía una devota que le había visto tirar al suelo y pisotear un cesto lleno de sellos sin matar, que la gente había echado como ofrenda, sin tener en cuenta que tenían un valor aunque no fuera inmediato.