Puerto de Vega (Navia)
Nacer en Puerto de Vega en 1934 es casi sinónimo de una vida vinculada al mar. Es el caso de Aníbal Méndez, que el próximo 1 de septiembre cumplirá los 75 años y que pasó buena parte de su vida laboral en la Marina Mercante.
Con dieciséis años embarcó en el «Vapor Gijón», buque que patroneaba su padre. No recuerda con demasiada alegría esa primera experiencia mar adentro y dice que por aquel entonces no era más que «un marinero mareao». Le costó cinco largos años superar esa sensación de mareo, los mismos que tardó en tener vacaciones y sueldo a su disposición. «Como navegaba con mi padre, él cobraba todo y lo administraba», precisa.
En esta primera etapa, los viajes no eran excesivamente largos y básicamente se ceñían al trayecto Gijón-Navia. En esas rutas se traía cemento al puerto naviego para la construcción de la presa de Grandas de Salime.
Méndez había ido a la escuela hasta que le tocó embarcar. Cuenta que su primer maestro fue «casi como mi padre» y con él pasó largas horas aprendiendo y absorbiendo todo tipo de información. Esa ansia de aprender de Aníbal y esa facilidad para asimilar conocimiento le sirvieron después para formarse y hacer carrera en el mar.
En 1954 le tocó prestar el servicio militar en la base marítima de Ferrol. Realizó el curso de instrucción y durante tres meses se formó para sacar el título de timonel señalero. Nombrado ya jefe de timoneles, lo pusieron a cargo del dragaminas «Lérez» y le encargaron una misión un tanto especial: durante dos largos meses de agosto, en 1955 y 1956, se ocupó de hacer la escolta del «Azor», el barco del dictador Francisco Franco.
Asegura Aníbal que al margen de la política, sobre Franco «se contaron muchas mentiras». La primera, dice, fue esa de que no pescaba. «Durante el tiempo que pasé con él, pescó a diario unos 6 ó 7 atunes», precisa.
Franco pasaba la mayor parte de sus vacaciones pescando y rara vez bajaba del «Azor». «Recuerdo que iba a misa el día de la Ascensión», apunta Aníbal, quien asegura que el general se pasaba los días solo, casi sin hablar con nadie. «Nosotros estábamos todo el día a 100 metros del "Azor" y sólo en una ocasión nos dirigió la palabra para preguntarnos qué tal estábamos». Aníbal recuerda le recuerda como una persona callada, que pasaba las horas sentado en una silla de barbero en la popa del barco, aislado de su familia y sin recibir visita alguna. Aunque el seguimiento al «Azor» requería un cierto formalismo, jamás pasaron hambre y el trabajo fue relativamente sencillo.
El resto del tiempo de la mili lo pasó en labores de vigilancia. Tiempo que, por otro lado, le sirvió para formarse. «Fue en la mili donde aprendí a navegar, tuve muy buena escuela». Después, Aníbal inició su carrera en solitario, lejos de su padre. Primero en «El Rosario», después en «El Tercio de San Miguel» y más tarde en la compañía naval Gondán.
Aprovechó este periplo de tiempo para examinarse del título de patrón. «Estudiaba por las noches, a luz de los carburos y después de la faena», explica. Pero no le costó alcanzar los objetivos porque era un buen estudiante. Así pues, en el año 1961 tomó el mando del «Orquídea» como patrón. Cuenta Aníbal que, a pesar de su juventud, se hacía respetar entre la tripulación. «Es más, en mis años como patrón no tengo nada malo que decir de mis compañeros».
Tiempo después abandonó Gondán y entró en la compañía Artaza donde mandó diversos buques. En el año 1963, Franco vuelve a cruzarse en su vida, esta vez para permitirle mejorar su formación. «Consciente de que se estaba registrando un éxodo de capitanes a otros países donde había mejores condiciones, Franco decidió ampliarnos los títulos a los patrones de cabotajes. Es entonces cuando me examino para patrón mayor de cabotaje». Aníbal perteneció a la primera promoción y con el honor de ser el patrón mayor de cabotaje más joven de España.
En la compañía Artaza fue el «Alpaca» el mayor buque y el último que mandó. Su viaje más duro y largo duró 18 días entre el puerto inglés de Immingham Doch y Brasil. De vuelta, haciendo escala en Ceuta, debían tomar rumbo a Italia, aunque la muerte de su padre obligó a Aníbal a poner fin a la ruta.
En el «Alpaca» fue testigo también de un naufragio que hoy, décadas después, sigue emocionándolo. «Hacíamos la ruta Venecia-Inglaterra cuando recibimos un 'mayday' de un barco pequeño. Cuando estábamos a 10 millas de ellos, el barco se hundió y murió toda la tripulación, eran seis italianos». Con 55 años, casado y con cinco hijos, Aníbal deja el mar. Afronta la jubilación, sin pena y con ganas de recuperar el tiempo perdido junto a los suyos. «La vida en el mar es dura porque estás muy lejos de casa, siempre que marchaba lo hacía llorando».
-Con 16 años, Aníbal Méndez, nacido en Puerto de Vega, comenzó a trabajar en el mar.
-Se jubiló a los 55 años como patrón mayor de cabotaje.
-Se casó con Sira Lanza a los 23 años y con ella tiene cinco hijos.
-Ya jubilado, Aníbal Méndez pasa el tiempo con la familia, pesca calamares y participa en la vida cultural de Puerto de Vega.