Navia,
Ana M. SERRANO
El Ayuntamiento de Navia pondrá a disposición de los afectados por el impacto acústido y oloroso de la planta de Ence «todos los medios técnicos necesarios» para subsanar sus problemas. El concejal de Medio Ambiente, Jesús Sánchez Abella, aseguró ayer que el equipo de gobierno siempre ha tratado «de forma privilegiada» a la asociación de vecinos que agrupa a los afectados e indicó que, si fuera necesario, el Ayuntamiento solicitaría ayuda y medios técnicos al Principado.
Por su parte, Ence confirmó ayer que se encuentra trabajando en los proyectos que ya había presentado públicamente para reducir su impacto: el plan de mejora acústica y olorosa a corto plazo y la instalación de elementos de aislamiento para controlar los niveles de ignición. Además, Ence recordó que con la ampliación se instaló un horno de cal, «con un sistema de tratamiento técnico de gases olorosos».
Estas declaraciones se producen un día después de que el colectivo de afectados expresase su intención de volver a reunirse con la dirección de Ence-Navia en septiembre para aclarar qué medidas se están llevando a cabo para reducir su impacto medioambiental tras su ampliación. Respecto a este posible encuentro, el concejal de Medio Ambiente naviego mostró su interés en acudir, pero aclaró que la asociación de vecinos «nunca nos informó oficialmente de su interés en que participe el Ayuntamiento en estas reuniones».
Armental (Navia),
A. M. S.
Constantino Rodríguez nació en la misma casa en la que hoy vive, en Armental, hace 75 años. Entonces «ni tan siquiera imaginábamos que podía instalarse aquí una planta de nada», dice. En 1934 el pueblo de Armental «era diferente» y desde las casas más privilegiadas casi se veía la ría de Navia. «Todo verde».
Hoy esa realidad ha cambiado. La actividad de la planta de celulosa de Ence siempre ha generado contratiempos en su vida y ahora, la ampliación, «todavía más». «No es agradable despertarse y ver una fábrica», sostiene Constantino Rodríguez, «pero lo peor llega por la noche, cuando no puedes dormir por el ruido de la desbrozadora».
Constantino y su mujer, María del Carmen García, han instalado cristales de doble hoja e incluso han tenido que enfrentarse a pérdidas económicas por la contaminación. Dedicados junto a uno de sus hijos a su familiar negocio de hortalizas, sus invernaderos se encuentran a unos metros de la fábrica. «Todavía recuerdo cuando tuvimos que tirar una cosecha porque no pasó el control de calidad».
Mientras Ence trabaja en nuevos proyectos para mejorar su impacto ambiental, Constantino sigue trabajando su huerta. «Sólo espero que insonoricen todo lo que se pueda». Entre tanto, dice, «me conformo con mirar poco hacia la papelera».