Grandas de Salime,
Ana M. SERRANO
Momentos de la infancia, festejos en familia, citas con los amigos, anécdotas y más aventuras. Todo ello se recordó el pasado sábado en Grandas de Salime, donde un grupo de cuarenta personas, grandalesas todas ellas, acordaron celebrar una primera cena de confraternidad para los nacidos en el 1959, de la que ya se ha fijado segunda edición.
Los asistentes tenían dos cosas que celebrar: no sólo sus cincuenta primaveras, sino también su vínculo con Grandas de Salime. Llegados de otros rincones de Asturias -donde muchos de ellos residen ahora por motivos laborales-, pero también de Galicia, Navarra, Madrid y País Vasco, todos ellos celebraron el sábado su reencuentro derrochando entusiasmo. «Del uno al diez, pondremos a nuestra cita un diez», resumía Javier Pérez Novo, uno de los organizadores. Y es que el encuentro, organizado a título particular, casi se convirtió en un acto festivo más de Grandas. Los asistentes llegaron a la cita ataviados con la pañoleta conmemorativa, vestidos con camisa blanca y pantalón azul en su mayoría, tal y como habían pactado; y con un buen número de anécdotas para recordar y hacer reír a los demás. No era para menos, porque algunos de los allí reunidos «no se veían desde hacía 30 años». Por eso el encuentro fue especialmente emotivo, y después de la cena, con sabor grandalés, tuvo lugar el baile: «Como en los antiguos tiempos».
La idea de organizar el encuentro se pensó meses atrás, en febrero. Entonces, Javier Pérez Novo, uno de los impulsores del acto, se puso a trabajar para contactar con los asistentes. Lo consiguió a través de familiares, de amigos en común. «Fue difícil localizar a la gente después de tantos años», recuerda. Pero la experiencia ha merecido la pena. Tanto que ya hay fecha para una segunda cida: será el 7 de agosto del próximo año, «si la suerte y la salud nos acompañan».