JORGE JARDÓN
El pasado lunes seguí la misa que todos los años dedican los Amigos de la de la Ría de Navia a los alberguistas ahogados en la barra cuando zozobró su lancha. Fueron momentos de angustia tensa al comprobar que dos jóvenes, uno ovetense y otro vallisoletano, llenos de vitalidad perdían la vida el 10 de agosto de 1950. Pero me parece ejemplar que 59 años después se siga conmemorando el drama con una misa en los acantilados de Ortiguera y que el recuerdo de los alberguistas sigue vivo en la organización. Los jóvenes son ajenos a la presencia de los alberguistas universitarios en Navia, que celebraban en Andés tres turnos de verano. Animaban los veraneos con su presencia en las calles uniformados con pantalón blanco y suéter azul, y algunos se acabaron casando en Navia. Me parece un error que no se incorpore su celebración en los programas del Descenso al ser los alberguistas quienes iniciaron la prueba, y ya van cincuenta y dos ediciones.