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Tineo
«El conejo del Pedregal», «Farrús», «Chicho» o «Los Jekes» son personajes intrínsecamente vinculados a las fiestas de San Roque de Tineo, que esta semana cumplen ciento diez años de historia. Surgidas a raíz de una feria ganadera, estas celebraciones fueron declaradas de interés turístico regional en 1990 y están galardonadas con el «Urogallo de bronce» que otorga el Centro Asturiano de Madrid. Desde el pasado sábado la villa tinetense vive inmersa en la folixa, que tocará a su fin durante la noche del próximo martes con la degustación de las populares sopas de ajo.
El culto a San Roque floreció en Tineo durante los siglos XIII y XIV, gracias a la llegada de peregrinos procedentes de toda Europa que portaban en su memoria el recuerdo del santo caminante, noble de cuna, sanador de enfermos y admirador de Santiago. En su honor, la villa tinetense erigió en el Medievo una ermita en un alto que desde entonces ha sido foco de celebraciones en torno a su figura. Durante siglos, este altozano fue escenario de una feria ganadera de cabras y ovejas que tenía lugar los días 15 y 16 de agosto. Alrededor del templo se daban cita centenares de asistentes que mercaban y comían cordero sentados en el «prao».
En 1899, la feria adquirió la categoría de fiesta, perdiendo progresivamente su carácter ganadero. A lo largo de sus más de cien años de historia, las fiestas de San Roque fueron objeto de una constante evolución incorporando y desechando actividades en consonancia con los tiempos. Veladas pugilísticas, competiciones automovilísticas, partidos de fútbol, carreras de ciclistas, tiro al plato, concursos de entibadores, conciertos e incluso una exhibición aérea protagonizada por la pionera María Luisa Bernaldo de Quirós en 1929 fueron algunas de las propuestas ofertadas por la comisión de festejos, desaparecida hace unos ocho años.
Desde entonces, el Ayuntamiento ha tomado las riendas de los festejos. Hace dos años, el Consistorio recuperó la feria de ganado lanar, que este año, coincidiendo con el festival del chosco, contó con la presencia de un centenar de ovejas. No obstante, la merienda del día 16 en el campo de San Roque sigue siendo la más arraigada cita de las fiestas tinetenses. «Las familias se reúnen y comen chosco, empanada y tortillas. Acude mucha gente de los concejos aledaños. Incluso muchas personas que están fuera aprovechan la velada para reunirse con los suyos», explica Álvaro García, concejal de Festejos. El día grande concluye con la rifa de la xata, costumbre que ha perdurado entre los romeros desde los albores del festejo que, según García, se niega a abandonar la tradición.
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