Navelgas (Tineo),
Ignacio PULIDO
A orillas del río Navelgas, y en la cuneta de un viejo tramo de carretera hoy día inutilizado, se alza un pequeño monumento erigido en memoria de cuatro frailes dominicos, un presbítero y un teniente de caballería fusilados el 18 de agosto de 1936 por un grupo de incontrolados del Frente Popular. El martes, por segundo año consecutivo, en este lugar para siempre marcado por el horror, vecinos del Cuarto de los Valles se reunieron para celebrar una misa oficiada por el sacerdote dominico Manuel Pérez en honor no sólo de estas víctimas, si no también de otros veintisiete represaliados en la zona por las tropas franquistas durante la guerra civil.
Hace exactamente setenta y tres años, Navelgas aún en manos republicanas, contemplaba como las Columnas Gallegas avanzaban sin apenas resistencia y tomaban posiciones en el vecino valle de Paredes. En medio de ese clima de desconcierto, los frailes Celestino José Alonso, Santiago Franco, Gregorio Díez, Abilio Sáiz, el presbítero Eduardo Álvarez y el teniente de caballería Francisco Ilera fueron apresados y conducidos a una cárcel improvisada en el sótano del cuartel de la Guardia Civil donde permanecerían hasta la noche del día 18, momento en el que fueron fusilados en La Tejera, a orillas del río. «Los frailes se encontraban en un colegio gratuito para los niños. Celestino guardaba amistad con un jefe del Frente Popular llamado "Chus de la Felguera" que le recomendó que huyera a Galicia. Pero el fraile se creyó seguro, desoyó sus indicaciones y fue asesinado», dice Manuel Pérez.
Apenas siete días después del trágico suceso, las tropas franquistas tomaron el pueblo, iniciándose una dura represión que costaría la vida a 27 personas, entre las que se encuentra el periodista Samuel González, natural de la casa del Pego, en Luciernas. Anteayer, su sobrino Samuel Abad tomó parte en la ceremonia. «No sé exactamente que ocurrió con él. Su cadáver nunca apareció», subraya.
Los cuatro dominicos asesinados fueron beatificados hace dos años y cuentan desde hace décadas con una placa conmemorativa. Por el contrario, el resto de fusilados cayeron en el más absoluto de los olvidos, siendo recordados tan sólo por sus seres más cercanos. Así, hasta este año.
«Junto con la memoria de los mártires dominicos queremos incluir a todos los ejecutados por las mismas fechas en un acto de purga contra todos los que se oponían al nuevo régimen», explicó al inicio de la misa Manuel Pérez, el cual añadió que «la ejecución de estas personas nunca ha sido reconocida como un crimen horrible en ningún acto público».
Y es que una de las intenciones de la ceremonia fue, según Pérez, «manifestar una firme condena de estos asesinatos». Javier Carballo, provincial de los dominicos de España estuvo presente en el emotivo acto y afirmó que «las víctimas siempre están del mismo bando». La ceremonia concluyó con un emotivo abrazo entre los descendientes de los asesinados y los sacerdotes, que sostienen que «es imposible reparar el sufrimiento que la muerte de estas personas ha causado y sigue causando».