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Lagos de Saliencia (Somiedo),
V. DÍAZ PEÑAS
Un hombre para trece mil ovejas. Leonardo Flórez es uno de los últimos pastores trashumantes que llegan a Somiedo. De hecho, este año es el único. Lleva toda la vida en esto, así que no lo asustan ni la soledad ni tener que andar todo el día caminando por la montaña cuidando del ganado. A veces, la noche lo sorprende lejos del chozo que habita y tiene que dormir al raso. Es la historia de una tradición que se pierde.
Leonardo Flórez llegó al los lagos de Saliencia desde Barrientos de la Vega, en León. Tuvo que recorrer a pie los más de 100 kilómetros que lo separaban de estos pastos y para ello invirtió cinco días. «Dormía donde acababa la jornada. Es un trayecto que tienes que planear para repartir las caminatas», explica el pastor junto al lago de La Cueva. A lo lejos puede distinguir el enorme rebaño de ovejas que trajo consigo. Casi su única compañía durante meses.
Leonardo, que con 6 años ya acompañaba en la trashumancia a su familia, llegó a Somiedo a mediados de junio. Pujó por los pastos comunales de la parroquia de Saliencia y quedará en las alturas del parque natural hasta que la meteorología lo baje de allí arriba. A casi dos mil metros, el pastor cuida de su ganado y realiza una vida que para él es normal. «Me levanto, acompaño al ganado y preparo la comida en el refugio. Allí tengo ovejas que han parido o que están enfermas. El resto se mueve por toda la zona, así que ellas mandan. Hay días que no me da tiempo a bajarlas al cercado y tengo que dormir en un saco de dormir donde cae la noche», comenta, matizando que de vez en cuando baja al pueblo a comprar y que los sábados su mujer viene a verlo. Algo casi impensable cuando no había todoterrenos.
Para Leonardo, este trabajo no es duro, aunque sí exigente. «Cuidar uno solo de un rebaño tan grande no es fácil», concreta. Quizá por ello también entienda que su trashumancia puede llegar a ser la última de una extensa saga: «No hay relevo, los jóvenes ya no quieren ganadería y mucho menos venir a los puertos. No hay profesionales ni dinero».
El pastor, sus mastines y 13.000 ovejas conviven como una unidad en el entorno de los lagos de Saliencia. Hasta que regrese a su casa, Leonardo estará solo, rodeado de naturaleza y feliz. «Porque esto es lo que me gusta», concluye.
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