Pastur (Illano),
Ana M. SERRANO
Volvió la gente, las velas, las peticiones. El santuario de Pastur se llenó ayer de devotos durante el primer San Agustín que se celebra con la capilla en pie tras el incendio de 2005, a pesar del continuo orbayo y de la insistente niebla que por momentos hacía su aparición en tan esperado reencuentro. Miles de personas visitaron el templo, como dicta la tradición, ahora perfectamente restaurado después de que las llamas destruyesen la iglesia.
Y si algo volvió a Pastur fueron dosis de júbilo y la frase: «Algo tiene esta virgen». La primera misa, con la que empezaba la fiesta, dio inicio ya a las once de la mañana; hubo una segunda a las doce; pero la central se celebró a la una del mediodía. Tres actos religiosos seguidos y una procesión que permitió al gentío agolpado en los alrededores de una capilla ver a la santa. A su paso todo fue silencio, sólo interrumpido por el continuo repicar de las campanas. «A Pastur hay que venir todos los años con capilla o sin ella... a ver a la virgen», explicó Carmen Rodríguez, natural de la vecina localidad de El Pato. Ella recordó a pie de capilla algunos de los milagros que se atribuyen a la santa: «Una señora ciega mejoró de la vista de repente y otra que no andaba, empezó ella sola a caminar. Y todo gracias a nuestra virgen de Pastur».
Con los festejos en honor a San Agustín, todos los 28 de agosto puede verse la procesión con la venerada imagen, que permanecerá a partir de ahora y todo el año en la capilla, iluminada. Pero además de los devotos, de aquellos que agradecen los milagros, de los que los piden de nuevo, de personas con problemas, tampoco falta lo popular en una jornada de fiesta: la música, la barraca de bar, las cámaras de fotos y las prendas propias de una fiestas. Esta año fueron muchos los que lucieron un pañuelo al cuello, con la imagen de la santa.
Rosa de la Torre, de Barcia, en Valdés, fue una de las que fue ataviadas para celebrar la jornada. Con su pañuelo, comentó porqué todos los años no se pierde la misa: «Aquí se respira tranquilidad. Viene gente de todos sitios y de todas las edades y eso hace a las fiestas de Pastur especiales».
Antes, los feligreses llegaban andando de cualquier lugar, «hasta cruzando por las montañas», según Carmen Rodríguez. Pero con el paso de los años la tradición fue cambiando. Los vehículos poblaron ayer la sierra de la Bobia, a través de los estrechos caminos que llevan a la capilla.
Y cerca de ellos, las improvisadas mesas para celebrar la comida campestre, lucieron impertérritas a pesar del orbayo. «Esta fiesta hay que celebrarla como se merece», comentó Jesús Pasadín, de Vegadeo. Él, como muchos de los ayer presentes, no se perdió los años anteriores la fiesta: «Pero sin capilla no es lo mismo». Este año, ya la hay. Con el templo restaurado, y el éxito de este primera jornada festiva, los fieles ya esperan la del próximo 8 de septiembre, gran día de Pastur.