JORGE JARDÓN
Habría que ser muy optimista para disentir de los que aseguran que pasamos por muy malas circunstancias. La crisis, el desempleo, los impuestos, la inquietud social están teniendo un reflejo evidente directo sobre la vida de los pueblos de todo el occidente astur. Y con ser esta zona privilegiada dentro del panorama, aun así se observan síntomas del deterioro económico que se empieza a padecer. Salvando un poco a Navia, más industrial que el resto, desde Luarca hasta la ría del Eo, un recorrido por los distintos pueblos de la ruta basta para darnos una idea del bajón tremendo que han experimentado. Las calles, vivas y ruidosas no hace mucho, parecen hoy convertidas en solar interminable, las tiendas sin apenas compradores, los bares con menos clientes que nunca. Una sensación de soledad y abatimiento parece envolverlo todo. Llevamos camino de sucumbir a fauces del dramático virus del aburrimiento, que es más dañino que el de la economía.