JORGE JARDÓN
Me refiero a ese empeño absurdo en erradicar el tabaco como si los fumadores fueran apestosos a los que hay que aislar. Pero me parece de un cinismo atroz vender el producto cobrando buenos dividendos por él y perseguir a sus consumidores. Eso es, además, un cinismo por la forma de practicar la prohibición, es como un querer lavarse las manos sin más. Yo tengo para mí una experiencia que no debe de ser común. Soy un fumador compulsivo, de cuatro paquetes de cigarrillos cada día, y a veces tengo que empezar un quinto paquete, y, sin embargo, en un reconocimiento médico reciente el especialista que me miró me dijo sin dudar y sin preguntar nada: «Y menos mal que usted no fuma, porque tiene los pulmones blancos como la nieve». Ante tanto desconcierto uno se pregunta si la medida servirá para algo. Tan es así que a mí, personalmente, me parece un timo todo eso de los fumadores pasivos, que, al parecer, hay muchos.