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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Pontón (Cangas del Narcea) / Larón (Degaña),
Pepe RODRÍGUEZ
Jovita Abad Menéndez murió sola, en la habitación de un apartamento alquilado. Y tardaron tres semanas en hallar su cadáver. Nadie la echó en falta ni supo de su muerte hasta la pasada noche del martes.
La mujer contaba 48 años de edad y se encontraba en la vivienda de alquiler en la zona de Pontón, en las inmediaciones de Cangas del Narcea. Por motivos que se desconocen, sufrió una parada cardiorrespiratoria que le provocó la muerte. Tuvieron que pasar tres dos semanas hasta que los responsables de los apartamentos donde vivía sospechasen algo y avisaran a la Guardia Civil. Fueron los agentes quienes hallaron el cadáver, en avanzado estado de putrefacción.
La mujer vivía a caballo entre Oviedo y Cangas del Narcea. Es por eso que sus caseros no la echaron de menos a los primeros días de desaparecer, pues era habitual que pasasen largos periodos sin verla.
José Verdasco Fernández es un trabajador del hostal «Peñagrande» de Pontón, un negocio vecino de los apartamentos donde falleció Jovita Abad y que pertenece a los mismos dueños de este popular establecimiento cangués. «Hubo una época en la que vivió en el hostal y venía a desayunar todos los días. Entonces, sí nos hubiéramos dado cuenta de que faltaba. Pero desde que se mudó a los apartamentos venía alguna vez, claro, pero a veces pasaba mucho tiempo sin venir».
Y añade: «Podíamos estar meses sin verla, así que nos pareció de lo más normal su falta. Nadie pensó que podría haber pasado algo. La sorpresa la llevó mi jefe cuando notó que la habitación olía mal y avisó a la Guardia Civil. Quién iba a pensar que algo así podía pasar, porque ella era joven».
La fallecida tenía dos hijos y, al parecer, estaba separada de su marido. En cuanto a la causa última de su muerte, todo apunta a que se debió al paro cardíaco. Los que la conocían explicaron que se trataba de una mujer cuya apariencia era de gran fragilidad y con problemas físicos apreciables a simple vista, además de padecer diabetes.
Sus raíces y relación con la comarca suroccidental parten del pueblo de La Viliella, en el concejo de Degaña, que es donde nació, concretamente en la casa Juacón, hoy deshabitada. Es por eso que su entierro se celebró ayer en el cementerio vecino de Larón, en el mismo sitio donde yacen los cuerpos de sus padres.
La familia que le quedaba en la zona a Jovita Abad Menéndez se halla en el propio pueblo de Larón. En la antigua casa Casín, hoy popularmente conocida como casa Jarana, vive una tía suya, Balbina Menéndez. La mujer es muy reticente a hablar de la fallecida, de la misma forma que lo son su marido y sus hijos. «No la conocíamos, ella nunca quiso pasarse por aquí. De nena marchó a vivir para Oviedo con su madre y poco más supimos de ella».
Su tía y sus primos no quieren entrar a valorar el hecho de que estuviera tres semanas muerta sin que nadie se diera cuenta ni tratara de contactar con ella.
«No es asunto nuestro, que le pregunten a sus hijos o al marido, pero nosotros no sabíamos nada de ella, es que ni la conocíamos casi. Sabemos que vienen esta tarde (por ayer) por aquí para enterrarla y poco más. Estaban muy separados de nosotros hace mucho», añadió Balbina Menéndez.
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