JORGE JARDÓN
Parece ser que se tomarán medidas especiales que refuercen la seguridad de los romeros que acudan a la alameda de Porcía a festejar la romería de hoy y, de esa forma, tratar de evitar, en la medida de lo posible, que se produzcan hechos tan luctuosos como en su última edición. La medida parece oportuna, pero mucho me temo que la fiesta se haya ido de las manos. Recuerdo haberlo pasado muy bien en Porcía, pero cuando decidí volver al cabo de un tiempo las cosas habían cambiado para peor, de modo que tomé la determinación de no volver a pisarla al comprobar que la fiesta más familiar del Occidente, en la que todo el mundo tenía cabida respetuosa, se ha convertido en cientos de quinceañeros que se empujan al río, hacen sus necesidades en él sin ningún pudor y se dedican a beber de una manera incontrolada. O sea, que la imagen serena y feliz de antaño se ve perturbada por la invasión de gentes que buscan otra forma de divertirse.