Porcía (El Franco),
Ana M. SERRANO
Dicen que al mal tiempo hay que poner buena cara y eso fue lo que ocurrió ayer en Porcía. La Alameda vivió su fiesta más multitudinaria con ingenio e imaginación para evitar que la crisis se notara en la acampada. Y también fue la fiesta más segura, al desarrollarse bajo un amplio dispositivo de seguridad, integrado por agentes de la Guardia Civil, de la Policía Local, además de efectivos médicos.
Con todo, en Porcía no faltó nada: ni la bebida ni la comida ni los artilugios básicos para celebrar una comida campestre, pero tampoco había grandes lujos. «Aquí cada uno tiene que traer su bocadillo. Este año nada de empanadas ni tortillas que al final sobra todo y se gasta mucho», resumió José Luis Meana, recién llegado de Gijón para celebrar una fiesta. «No nos la perdemos nunca desde hace cinco años, cuando la conocimos», sentenció. En la peña de Juan García, todos de Barres, ocurrió lo mismo. Hasta 84 personas se juntaron a comer en el mismo mantel, pero cada uno se encargó de su alimento. «Somos muchos y después se nos desborda todo». Este año cumplieron el 20 aniversario de su primera visita a la alameda de Porcía y para celebrarlo todo el grupo lució camiseta con el mismo estampado: «Un cerdo que recuerda cosas que pasaron este año». Organizar toda la fiesta, con camisetas incluidas, suele ser un trabajo de varios días. Y cuando llega el 8 de septiembre, lo que toca es madrugar, «hay que coger sitio».
Los de Barres llegaron a las diez de mañana y una hora más tarde la mayor parte de la peña ya estaba sentada a la sombra de un árbol, escanciando sidra, «como todos los años, no nos podemos perder la fiesta».
Aquel que conoce Porcía suele repetir. Jacob Velasco, de Ortiguera, tiene claro que la romería de Los Remedios es una de las mejores del verano. «Es una pasada poder estar todo el día parte de la noche en el campo con tus amigos». Su peña, de 30 personas, tenía incluso contratados los taxis de vuelta: a las tres de la madrugada. Para esta edición de Porcía, en la que reinó el bocadillo, no pudo faltar algo de novedad. En el caso del grupo de Jacob, a la tradicional sidra, se unieron cócteles. «Este año tenemos el 'presidente', con ron, vermú rojo y granadina. Hay que ser un poco exótico», explicaba.
Pero la sidra siguió siendo la bebida preferida y los escanciadores abundaron por el prao, que se llenó de miles de personas durante una jornada en la que acompañó el sol y que estuvo amenizada por la actuación de tres orquestas y varias bandas de gaitas.
Muchos supieron aprovechar la romería hasta el final durmiendo en coches, en tiendas de campaña e incluso bajo los toldos. Es el caso de la peña de San Juan de Moldes, de Castropol, que ya sabía por la mañana lo que podría deparar la romería, después de asistir 16 años de forma ininterrumpida, y fueron precavidos. El grupo madrugó para preparar un caseto, cerca del río y a la sombra, y la pequeña piscina, donde la sidra se mantenía fresca. Allí durmieron y despidieron un año más el día de Porcía.