Alto del Acebo (Cangas del Narcea), Pepe RODRÍGUEZ
La ermita de la Virgen del Acebo, situada en el alto homónimo, volvió a ser testigo, como cada ocho de septiembre, de la devoción que siente el pueblo de Cangas del Narcea por la también conocida como Virgen de los vaqueiros.
Desde primeras horas de la mañana empezaron a llegar los devotos, quienes acudieron andando en gran número, para llenar los praos aledaños a la ermita y asistir a alguna de las múltiples misas que se celebraron a lo largo de la mañana.
Uno de los actos que los creyentes no dejan de celebrar es el tradicional paseo alrededor de la Virgen para pasarle «las cintas del Acebo» por su manto y, así, bendecirlas. Esto hizo que se originasen importantes colas, aunque no decayó el ánimo de los presentes.
El punto culminante de la jornada religiosa se produjo hacia las dos de la tarde cuando, acabada la misa con coro, la imagen de la Virgen salió en procesión alrededor de la ermita y se la honró con diversos bailes regionales, música de gaitas, y disparos de voladores.
Pero, para la fiesta del Acebo, casi tan importante como la devoción mariana es la pasión por la gastronomía. Cada rincón se pobló de mantas, de mesas, de manteles, en los que las familias fueron exponiendo los manjares que subieron al alto para «merendar y echar el día». Entre las «mesada» típicas no faltó el chosco, la andoya, el lacón, jamón, friquemos, tortillas, filetes empanados, empanadas de carne y de pescado, croquetas, ensaladilla, vino... Los asistentes llevaron viandas como para una semana, explicaron.
El origen de esta ermita y su consiguiente consolidación como santuario mariano de gran importancia se sitúa en los finales del siglo XVI cuando Maria de Noceda, una mujer que vivía en la zona de Rengos, llegó tullida al Acebo y un milagro le hizo recuperar el movimiento. Al menos esa es la historia que está escrita y la que todos los fieles hoy en día recuerdan.
Sin embargo, la cultura popular guarda para sí otra explicación en la que se explica que el lugar donde se iba a construir la ermita en honor a la Virgen, así como una imagen tallada en su honor, era Vega La Piedra, a unos tres kilómetros del Acebo. Pero cada noche los materiales de construcción y la propia talla desaparecían de Vega La Piedra y aparecían en el lugar donde, efectivamente, acabó construyéndose la ermita.
Durante mucho tiempo, varios siglos, se conoció a la Virgen del Acebo como la Virgen de los vaqueiros. El alto del Acebo es un lugar de paso, un cruce natural de varias zonas del concejo de Cangas, y un mirador privilegiado de toda la comarca, pues en días soleados, como el de ayer, se puede ver por el sur todo el límite con León y por el norte hasta más allá de Tineo. No en vano cualquier visitante, ya sea casual, ya sea habitual, no podrá evitar quedarse atrapado por sus vistas. Es por eso que la confluencia de vertientes hacía que los vaqueiros concluyeran la época de alzada, a principios de septiembre, en un lugar en el que todos pudieran celebrar la fiesta fuesen de donde fuesen.
Con todo, no muchos campesinos hubo ayer por el Acebo. Y es que una de las características de los hombres y las mujeres del campo es que muchos de ellos no paran sus labores diarias por cualquier asunto, aunque sea una fiesta de esta envergadura.
Así que es también tradicional que el domingo siguiente al ocho de septiembre, como sucederá el próximo día 13, se celebrará una romería similar a la de ayer, ya que son muchos los que deciden no subir entre semana y dejar su anual visita a la Virgen para el domingo. Es por eso que la del Acebo es una Virgen con doble celebración, tanto por la doble romería como porque su día coincide con el de Asturias.