Las Tabiernas (Tineo),
Ignacio PULIDO
Los vecinos de Las Tabiernas rememoraron ayer una de las prácticas más vinculadas al colectivo vaqueiro: la trashumancia. La braña tinetense fue el punto de partida de un desfile protagonizado por un carro del país tirado por bueyes, varias caballerizas y una cabra, en recuerdo de los viejos desplazamientos poblacionales de los pastores vaqueiros. Tras la celebración de una misa en Casa El Puerto, los asistentes tomaron parte en un baile, presenciaron una carrera de cintas a caballo y festejaron una verbena como colofón a tres días de celebraciones, organizados por Juan García Gayo.
Aunque el sol lucía y en el cielo apenas se divisaban nubes, la braña de Las Tabiernas se levantó ayer acariciada por una brisa fresca que obligó a ponerse la chaqueta. En torno al mediodía, una comitiva formada por un carro del país tirado por bueyes y cargado de enseres personales, varias caballerizas y una cabra emprendieron un recorrido que trató de emular los antaño frecuentes desplazamientos territoriales de los vaqueiros.
Apenas a un kilómetro de distancia, en Casa El Puerto, decenas de romeros esperaron la llegada de la caravana. Entre el público se encontraba Manuel García, un vaqueiro de 86 años de edad y natural de Las Tabiernas. Apoyado en su bastón, García mira con lejanía los tiempos en que la trashumancia se realizaba a pie. «Por el invierno estábamos en Silvallana, en Naraval y por el verano en Las Tabiernas. Al cabo del año realizábamos varios desplazamientos en función de las labores agrícolas», señaló. Y explicó que todos los trayectos se realizaban a través de caminos de herradura. «Caminábamos unas cinco horas, tanto hombres como mujeres y niños. El ajuar se portaba en caballerizas y a veces el ganado se cansaba. Durante los últimos años, los animales eran cargados en camiones».
Durante la misa, el párroco tinetense Cándido García pronunció un encendido discurso en el que elogió la figura de los vaqueiros y denunció la instalación de algunos parques eólicos en territorio de las brañas. «Los vaqueiros son las mejores personas que pisan la bendita tierra de Asturias. Ya va siendo hora de que no se utilice su dignidad a favor de intereses espurios», espetó. Y añadió: «Tras la instalación de las torres eólicas, brañas como Buspaulín han tenido que pleitear por sus terrenos ocupados, y creo que aún no se les ha pagado nada. Los afectados han gastado más de lo que tenían».
Reivindicaciones aparte, la fiesta prosiguió con una comida a la sombra de los pinos. Acto seguido, tuvo lugar un baile que tocó a su fin en torno a las ocho de la tarde y que fue antesala de una verbena.