MARTA PÉREZ
Me alegro de que el Principado y los alcaldes hayan encontrado un modelo de desarrollo, puesta en valor y vertebración definitiva del territorio occidental. También de que aquí sople más el viento que en la punta de Tarifa. De lo contrario, no habrían autorizado a los hijos del viento a instalar otros cuarenta parques, que sumados a los actuales alcanzan la razonable cifra de setenta y pico. Menos mal que en el Sueve, el Cuera y el Aramo el aire no pasa de brisa, con lo acostumbrados que estamos a que lo bueno nunca nos alcance. Esta vez hemos tenido suerte, ahora sí que vamos a prosperar: en mi pueblo, gracias a los beneficios eólicos, tenemos luces en el árbol de Navidad. Lo malo es que nunca llueve a gusto de todos y por ahí andan los de siempre «queixando». Que si no existe planificación, que si el paisaje, que si las líneas de evacuación que vendrán detrás... No se enteran de que los molinos de ahora son superpotentes y menos pueden más: son iguales que los del pico de Abara, en Coaña, de esos que pierden las aspas en cuanto se «revolve» un aire loco.