JORGE JARDÓN
Cuando los padres se revolucionan al comprobar que las clases de sus hijos no se ajustan al calendario escolar establecido por alguna razón, a mí me vienen inmediatamente a la memoria ejemplos notabilísimos de grandes hombres que ni tan siquiera han pasado por las aulas. Ni Pitágoras ni Platón se examinaron jamás. Aristóteles y Teofrasto enseñaban paseando por el pórtico, lo que dio origen a la escuela peripatética. Einstein fue estudiante mediocre y Alberti no terminó el Bachillerato. Hay todavía casos más sorprendentes. La pizarra de los alumnos de Pitágoras era la arena de la playa y Newton descubrió la ley de la gravitación universal bajo la sombra hospitalaria de un manzano. Y nada digamos de Arquímedes, que dio con su principio cuando se encontraba en el baño. Es decir, que estos ejemplos no hacen sino confirmar que lo que interesa no es un sometimiento rígido del alumno a un calendario escolar.