Luarca, A. M. SERRANO
Es uno de los atractivos turísticos de Luarca, el más singular por ser único en el mundo, pero no está pasando su mejor momento. El aula del calamar gigante de la villa blanca se halla en una nave cercana a Feve, que en su día fue sala de mercancías, pero que ahora está llena de humedades y carencias, lo que ahuyenta las visitas. «Se quedan descontentos. De aquí no salen conformes porque esperan una colección única, que lo es, pero la sala donde se expone es pésima. Las instalaciones dan una imagen muy precaria», revela su fundador y principal artífice de la colección, Luis Laria, que también dirige la coordinadora para el estudio de las especies marinas (Cepesma).
Hace ya un año y dos meses que la exposición de calamares gigantes de Cepesma se muestra en este lugar. Es una sala provisional a la espera de las nuevas instalaciones que se han levantado en el muelle luarqués y que mostrarán la vida del calamar gigante en los fondos abisales. Pero la obra aún no está concluida. Son ya catorce meses en la nave cercana a la estación de Feve, y dos veranos, el período del año en que más visitas recibe Luarca. «Lógicamente cada vez vamos a menos en visitantes», se queja Laria. «Esperan otra cosa y se van diciendo que esto no vale mucho», añade.
La nave, de 170 metros cuadrados, recopila toda la colección que Cepesma, en su labor de los últimos diez años, ha mantenido intacta. El problema no es el contenido, según el director de la coordinadora, «sino la imagen que damos». Lo que más molesta son la humedades y la continuas goteras. «Pero hay otras carencias que con sólo entrar al edificio ya se ven», revela Luis Laria.
Por visitarla se pagan 3 euros por adulto; la mitad para niños. Un precio módico, pero del que los visitantes se han quejado: «Te vas con la imagen de la sala, no del contenido, y se quejan de todo, claro».
Las humedades en el edificio son visibles. Se encuentran en paredes y techo y especialmente en la esquina derecha del fondo de la sala. «Cuando llueve mucho fuera, aquí también», advierte Laria. Cepesma se ha ocupado de pintar en varias ocasiones las paredes, pero las humedades y goteras vuelven a hacer su aparición. «Inútil», dice Laria.
La muestra se trasladará el próximo año, según las últimas previsiones, a su nueva ubicación.