Constancios (Valdés),
Ana M. SERRANO
«La autovía tiene que hacerse, pero no a cualquier precio». Es la opinión generalizada de los vecinos del pueblo de Constancios, en la parroquia valdesana de Santiago. Unas 40 personas con casas y terrenos en propiedad que están afectados por las obras del tramo Otur-Villapedre de la Autovía del Cantábrico y que han reclamado al Ministerio de Fomento que rebaje la altura de la calzada a su paso por el pueblo y mantenga los caminos actuales, como pasos superiores a la futura vía. Sus peticiones, que ya han sido respaldadas por el Ayuntamiento de Valdés, tienen varios objetivos: de un lado, evitar el impacto acústico, y de otro, evitar que los propietarios de las viviendas tengan que dar largos rodeos para ir de un lado a otro del pueblo.
Sus peticiones se remontan ya a 2007. En el proyecto inicial de obra se recogía que la autovía pasaría por debajo del núcleo, no a ras de suelo como está previsto ahora, y con pasos elevados. Sin embargo, cuando se personaron en la zona los técnicos encargados de hacer las mediciones, «las cosas empezaron a cambiar», comenta Javier Rey, uno de los vecinos afectados. «Sin que nosotros supiéramos nada cambiaron el proyecto, que no tenían actualizado ni en el Ayuntamiento». Empezó entonces un arduo trabajo que les ha costado a los afectados seis viajes a Oviedo, contratar a un ingeniero y, sobre todo, muchos dolores de cabeza. Desde el punto kilométrico 0 del tramo, en Vistalegre, hasta el 2,800 (entrada en Otur), la altura de la calzada -aunque con algunos desniveles por zonas- se mantiene a ras de suelo, cerca de las viviendas y en el caso de una ganadería de Constancios a cinco metros. «No pedimos modificar el trazado, sólo que no tengamos la autovía a la misma altura que la salida de casa», comenta Rey. Sus reclamaciones son atendidas por el Ayuntamiento de Valdés, que ha emitido un informe a Demarcación de Carreteras firmado por un ingeniero de caminos y con las reclamaciones pactadas con los vecinos. «Es la solución menos dañina y lo curioso es que ya estaba considerada al principio y no sabemos los motivos del cambio», añade Rey.
Aunque los afectados llevan ya dos años de gestiones, reuniones y escritos y contraescritos, no tienen todavía una solución definitiva. Entre tanto, el movimiento de tierra para construir el tramo Otur-Villapedre ya se ha iniciado en Otur. La empresa también ha señalizado por dónde pasará el trazado; mientras, los vecinos esperan una contestación oficial. Uno de los casos más sangrantes es el de Ángel López. Propietario de una ganadería de Constancios, se quedará sin conexión con la otra zona del pueblo, dividido por la autovía, si no se mantienen los caminos actuales. El tramo, tal y como está planteado, dividirá en dos el acceso que utiliza en la actualidad, quedando cortado el paso. «Con esta situación en la que me dejan casi estoy obligado a cerrar la ganadería», se quejaba ayer. Para la vivienda de Ángel López no hay previsto, de momento, un acceso alternativo y una hipotética conexión llevaría aparejado un rodeo de unos cinco kilómetros. «No me imagino con el ganado buscando la finca para pastar», se queja. Ahora, a esperar la decisión de Fomento.