Las Barzaniellas
(Cangas del Narcea),
Pepe RODRÍGUEZ
Llegó la hora de la vendimia. Los expertos analizaron los grados de la uva que está en las viñas y los más clásicos se guiaron por el sentido de la vista, pero todos concluyeron que el pasado era un fin de semana óptimo para que el azúcar de las uvas dé un vino extraordinario.
A tenor de lo que se ha podido ver por las viñas, la gran mayoría de viticultores ha notado una caída en el número total de kilos producidos, pero, sin embargo, la contrapartida es que la calidad es mayor de la que se recuerda y se tienen fundadas expectativas de que ésta sea la mejor añada de vino de calidad de Cangas, al menos en lo que a variedades blancas se refiere.
La mayor ayuda para esta rápida y eficaz maduración ha venido por parte del sol de septiembre, que ha sido muy beneficioso y muy constante durante las últimas dos semanas. Aquellos que vendimiaron el sábado aún pudieron disfrutar de él; sin embargo, los que se pasaron el domingo en la viña tuvieron que hacerlo con impermeables, pues hubo que aguantar un poco de orbayu esporádico.
En líneas generales, la forma de llevar a cabo esta labor es muy similar en todas las casas. Para empezar, hay que convencer a familiares y amigos para que pasen un agradable día entre uvas y se olviden de algún posible dolor de espalda. En algunos casos, incluso, se desayuna ya en las fincas, con una buena provisión de termos de café para ofrecer a todos los vendimiadores «voluntarios» y, por supuesto, empanadas de todo tipo, condición indispensable para que nadie note un inoportuno bajón de fuerzas a media mañana. Para beber, como se puede imaginar, hay vino de la tierra.
Tras la recolección, el pesaje y el tratamiento respetuoso de las uvas se llega al momento que, socialmente, da sentido a la jornada. En torno a enormes pucheros se suceden comidas que en nada envidian a grandes fiestas o verbenas. Mesas enormes de 15, 30 o 50 personas recuperan el rito de hacer las labores del campo en común, rodeadas de vecinos, pues tiempo habrá de devolver el favor. No faltan, por supuesto, fabadas o caldos que atemperen el cuerpo, ni carnes de toda condición como segundo plato. La tarde va pasando, entonces, entre anécdotas de la jornada y comentarios acerca de la calidad de las uvas. Hay quien, incluso, organiza un baile con músicos por la noche para que sus trabajadores invitados disfruten de un fin de fiesta adecuado al esfuerzo realizado. A lo largo de las siguientes semanas le tocará el turno a la uva tinta.