MARTA PÉREZ
Las obras del polideportivo de Tapia de Casariego -al fin- están en marcha. También las de la piscina de agua salada en la antigua cetárea de Os Cañóis. Y la candidatura de Madrid acaba de fracasar como sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Nada es fruto de la casualidad. De repente, he visto la luz. Ahora entiendo el empeño durante años del alcalde, Gervasio Acevedo, sus tira y afloja con el Principado, para conseguir levantar sobre aquellos eternos cimientos de hormigón no un polideportivo cualquiera, sino el mejor de los polideportivos posibles, el megapolideportivo, el grande, el bueno, el caro: «Yo quiero uno como el de Vegadeo y punto», repetía e insistía el regidor. Al final, lo consiguió y todas las piezas del puzle encajan: Acevedo está preparando a Tapia para presentarla como sede a los Juegos de 2020. Lo siento, Gallardón, ni se te ocurra volver a intentarlo, no tienes nada que hacer. Además, está el surf, y en Madrid no hay playa. Gervasio, yo también tengo una corazonada.