Figueras (Castropol),
T. CASCUDO
A sus 83 años, María Josefa Alonso no quiere regresar a la casa de Figueras en la que vive desde hace décadas. Hace poco más de una semana sufrió una violenta agresión a manos de dos personas enmascaradas que entraron en su vivienda, la golpearon y la ataron para robar sus pertenencias. Los ladrones tan sólo se llevaron 70 euros, pero se marcharon del piso dejándola encerrada. Con este ya son tres los robos que ha sufrido esta figueirense, que padece sordera, en el último mes, aunque los dos primeros se produjeron cuando la mujer no estaba en casa. La Guardia Civil detuvo ayer a los presuntos culpables, que hoy pasarán a disposición judicial.
La mujer fue ayer a declarar al juzgado de Castropol. María Josefa cuenta que el martes 29 de septiembre, cuando regresaba de hacer la compra, dos personas la asaltaron a la entrada de su casa. «Me empujaron al interior y me arrastraron, después me ataron los pies y las manos y empezaron a registrarlo todo», relata Fina, quien también asegura que no pudo reconocer a los agresores, pues llevaban careta. Los intrusos la llevaron a la habitación más aislada de la casa para que nadie pudiera escuchar los gritos y allí la dejaron encerrada.
La cuñada de Fina, María del Carmen Cangas, cuenta que «ella sola consiguió liberarse y salir al balcón para pedir auxilio». Dice Cangas que se vieron obligados a llamar a un cerrajero para forzar la entrada y rescatar a la mujer: «Cuando finalmente la encontramos estaba toda magullada y llena de sangre».
Ambas creen que es probable que los agresores fueran los mismos que entraron a robar en las dos ocasiones anteriores, todas en el mes de septiembre. «La primera vez le llevaron 600 euros y la segunda 350 euros, por eso le dijimos que no tuviera dinero en casa y esta vez sólo se llevaron 70 euros», explica la cuñada de la víctima.
Sospechan que en los dos primeros robos los ladrones pudieron entrar por una ventana de la casa que da a un patio de luces y que tenía el cierre estropeado. Fue entonces cuando la repararon y dejaron de detectar los robos, hasta que se produjo la violenta entrada del martes 29. La familia de Fina sospecha que los ladrones son conocidos de la zona y que «la tenían controlada, sabían a qué hora salía y entraba en casa».
Ahora Fina vive con unos familiares y se niega a regresar al piso. Esta figueirense, viuda desde hace años, vive ahora con el miedo metido en el cuerpo.