JORGE JARDÓN
La realidad es la principal enemiga. No cabe duda que la ciudad del Apóstol volverá a ser gracias al Año Santo de 2010 la acogedora mano que recibe a todos los pueblos de Europa y que, a buen seguro, será un acontecimiento que llene las rúas compostelanas y la plaza del Obradoiro de millones de visitantes. Pero resulta engañoso pensar que esas muchedumbres de peregrinos van a henchir los caminos asturianos y a tener incidencia en las registradoras. Y se me ocurre esto ante el entusiasmo de los alcaldes asturianos por poder contar con un albergue de peregrinos, como si estuviera prevista una lista de espera de titulares de tarjeta oro para hacerse con un camastro disponible para ir a Compostela. Y como no sea que sus empeños se fundamenten en el refrán de que a caballo regalado no se le mira el diente, no parece que sea muy justificado por los alcaldes exprimir a la Administración para que les rehabilite un edificio en ruina.