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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Boal / Illano / Coaña
El Occidente de Asturias siempre ha presumido de piedras, y es que puede porque las tiene, muchas y variadas. No son piedras cualquiera, son moles con historia, símbolos perennes al paso del tiempo y que esconden tras de sí mágicas leyendas.
Zona elegida por los primeros pobladores para instalarse, es esta comarca también tablero caprichosos en el que, cada pocos kilómetros, el paso del tiempo y de las antiguas civilizaciones ha dejo su huella en las rocas. Unas en pie, otras en el suelo por el empecinamiento de algunos que han querido destruir lo que fueron los símbolos más emblemáticos de la zona, el Occidente sigue siendo duro como ellas, y mantiene vivas sus historias. Estas son las rocas más emblemáticas del Occidente.
El Penedo Aballón: Fue hasta hace poco años el símbolo del que presumían los boaleses, hasta que, una noche alguien decidió destrozarla por la mitad. No se sabe quién. Este enorme mole de granito, que muchos consideran un símbolo celta, se movía con sólo posar el dedo sobre ella pero si la empujabas con fuerza se quedaba quieta. De ahí su nombre, Aballón, que hace referencia a «aballar», oscilar en castellano. La erosión consiguió dar forma a la piedra que, hoy con una mitad en el suelo, aún se puede visitar. Aunque ya no «aballa», desde ella se pude ver una de las mejores postales de la villa de Boal y la sierra de Penouta.
El dolmen de Entrerríos: Se le conoce también como Llastra de la Filadoira, ya que dicen que fue una hilandera la que trajo sobre su cabeza la losa que hace de techo. Se ubica en la Campa de Entrerríos, en el concejo de Villayón. Es una de las muestras más antiguas que dejaron los hombres cinco mil años atrás. Hay que ascender 930 metros sobre el nivel del mar para dar con él y, junto a otros cuatro túmulos funerarios más conforman la necrópolis fronteriza entre los concejos de Boal, Illano, Allande y Villayón. Fue en su día lugar de culto o de enterramiento.
Estela discoidea: Fue declarada Monumento Nacional y nadie sabe bien cómo explicar sus orígenes, aunque se cree que tiene algún vínculo con el asentamiento del castro de Coaña. Es también una mole de granito, como el Penedo Aballón, y presenta diferentes dibujos y signos borrosos sobre su pieza principal. Para visitarla hay que desviarse hacia Coaña desde la carretera que une Navia con Grandas de Salime.
Además de estos tres símbolos son numerosas las rocas oscilantes que hay desperdigadas entre los concejos más occidentales de Asturias. Restos de castros, muchos de ellos sin excavar, aparecen entre las montañas de esta comarca que ahora lucha por explotar al máximo estos símbolos dentro de la figura del Parque Histórico del Navia.
El castro del Chao de San Martín, en Grandas de Salime; el de Pendia, en el concejo de Boal; Cabo Blanco, en el municipio de El Franco, a orillas del Cantábrico; el castro del El Castelón, en Illano; el de Mohías, en Coaña; el castro del Esteiro, en Tapia de Casariego, o As Covas de Andía, en El Franco, son parte de la riqueza cultural que las piedras, ya fuesen colocadas por el hombre o desgastadas y modeladas por el paso del tiempo, han regalado al Occidente de Asturias. A pesar de ese transcurrir temporal o del empeño de algunos por destrozar la riqueza cultural, como en el caso del Penedo Aballón, la mayoría se pueden visitar y otras aparecerán cuando alguién se empeña en excavarlas. Ninguna se mueve del sitio.
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