MARTA PÉREZ
Las mujeres de Illano reclamaron ocio y cultura en la fiesta anual con que el Ayuntamiento las homenajea. Se quejan de que los entierros son su única opción de ocio y esperan como agua de mayo esta cita para disfrutar de una jornada de hermandad. El problema es común a todo el mundo rural, por mucho que algún economista teorice con que el mundo rural no existe porque, como tenemos alumbrado y ya no tiramos la basura al monte, somos urbanos. Los ayuntamientos no deberían dejar a expensas de subvenciones la felicidad de sus mujeres. Ni la de sus mayores, a los que agasajan con los no por muy celebrados más regulares encuentros anuales de mayores. Habilitar un local al que poder acudir de tarde en tarde a jugar una brisca, comer castañas, contar historias o echar un cantarín no cuesta nada. Nuestro economista hablaría de la «urbano-globalización» de las «pola vila» y todos contentos. Para ejemplo, el de los jóvenes de los Oscos y su «Cultura contra el olvido». Un acierto tal que hasta Cándido Pañeda (el referido economista) visitó la urbe de San Martín para tomar parte.