POR RAQUEL L. MURIAS
Pesoz
Siempre fueron conscientes los habitantes del valle del Navia de que el paisaje donde habitan está sin explotar. Cansados están de escuchar en boca de los turistas que si pudieran vivirían allí, entre las montañas que encajonan el río Navia, con el silencio de fondo que nunca nada se atreve a romper. Pero esas palabras llegan en junio con el calor y se van en septiembre.
El cuento de hadas de ver llegar el desarrollo a los concejos interiores entre Navia y Grandas de Salime nunca acaba de consolidarse, y es que ahora para muchos ya es tarde y el despoblamiento es lo único que se ha asentado en el valle y parece que nada le asusta lo suficiente para marcharse.
Una de las últimas oportunidades a las que se aferraron los habitantes del valle del Navia pasó por delante de sus casas en abril de 2007. La idea llego de manos de un grupo de arquitectos valencianos. La empresa Aranea eligió los municipios de Grandas de Salime, Pesoz y Boal como lugares susceptibles de un estudio arquitectónico que presentaba una forma futurista de agarrar con fuerza el desarrollo rural a estos concejos. Nuevas construcciones que se levantarían para hacer de estas zonas deprimidas un lugar apetecible y perfecto para vivir.
El estudio de campo duró ocho días, tiempo suficiente para comprobar que las características del paisaje eran estupendas para aplicar nuevos modelos de desarrollo. Se presentaron seis intervenciones arquitectónicas para desarrollar seis modelos diferentes que buscaban acomodar la vivienda tradicional a las nuevas formas de habitar, más urbanas. Una comunión entre lo de siempre y el futuro.
Los pueblos elegidos para ejecutar dos de estos modelos de desarrollo fueron Argul, en el concejo de Pesoz, y San Esteban de los Buitres, en Illano, sin duda dos de las aldeas que reflejan a la perfección el paso del tiempo en esta zona: del todo al nada.
Aranea propuso desarrollar modelos para la acomodación de la vivienda tradicional a las nuevas formas de habitar, y esas ideas tenían nombre y apellidos. El proyecto «Islas verdes», que defendía la creación de unidades de protección del paisaje; las viviendas-prado, para poner en valor las praderas del valle y crear en ellas unidades residenciales; la creación de núcleos urbanos derivados de una reconversión del uso del paisaje y abriendo todas las puertas al desarrollo turístico. El último proyecto, el más novedoso, apostaba por crear en la zona el «Festival de los kilovatios», es decir, iluminar durante varios días al año los detalles más significativos del paisaje, convirtiendo al valle en un referente a nivel mundial en la producción energética. Pudiera ser ésta una forma de devolver a los habitantes del Navia la deuda histórica que tienen con ellos los tres saltos construidos en el río, Salime, Doiras y Arbón. Pero a pesar de que las intenciones de los arquitectos eran buenas y que hasta se presentaron los proyectos a los ayuntamientos, la idea se quedó en eso, y Argul y San Esteban de los Buitres siguen esperando a que alguien les elija como pueblo para instalar su vivienda.
No era la primera vez que los expertos valencianos resolvían el futuro de una zona deprimida, ya lo habían hecho una vez en el valle del Guadalest, en Valencia, donde sus intervenciones consiguieron sacar a la zona del anonimato. Los arquitectos quisieron convencer a los habitantes del valle del Navia y a los alcaldes que deciden sobre los proyectos que se desarrollan en él de que el valor de sus tierras y sus paisajes es un buen pilar sobre el que asentar desarrollo, pero parece que la idea tampoco les convenció.
Hoy, casi tres años después de aquel novedoso proyecto, los concejos siguen sin ver ninguna actuación hecha realidad, el «Festival de los kilovatios» tampoco logró iluminar los tres saltos de producción energética y cada vez, el salvavidas parece estar más lejos. Mientras tanto, en el valle del Guadalest aprobarán el próximo año el plan para salvar el paisaje, basado en los proyectos del grupo Aranea, esas que no cuajaron en el valle del Navia.